viernes 06 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

El termómetro del paro

El sistema judicial tiene la peor imagen de los últimos 15 años y además el pesimismo general subió nueve puntos porcentuales en un mes
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Columna de
Santiago Gómez

Según Gallup, el Paro Nacional sí ha modificado de manera significativa la legitimidad del actual gobierno de Duque. En primer lugar, nunca desde 2013 y solo una vez desde Pastrana, los colombianos han sido tan pesimistas frente a la situación del país. Adicionalmente, la gestión del presidente es ya desaprobada por el 70% de la población y sus tímidas propuestas y respuestas no han hecho más que desplomar su credibilidad.

Nunca antes desde que se hace la medición, los temas reivindicados por el paro habían alcanzado tanta notoriedad y tampoco su manejo había sido tan cuestionado: pensiones, educación, agro e implementación de los Acuerdos de Paz. Nunca en este siglo el Congreso había tenido tan poca favorabilidad. Nunca la gente manifestó desconfiar tanto de los medios de comunicación. Es por ello el mejor momento para formar mejores periodistas y comunicadores, el país lo necesita, el contexto social lo exige y reclama, la historia juzgará si atendimos a tiempo dicho compromiso, pues no hay democracias sanas sin medios y una prensa creíble y confiable.

El sistema judicial tiene la peor imagen de los últimos 15 años y además el pesimismo general subió nueve puntos porcentuales en un mes. A Uribe lo desaprueba más gente que nunca (2 de cada tres colombianos), y eso que Twitter le lanzó un salvavidas al bloquearle la cuenta, Petro pierde popularidad y Fajardo se mantiene como el presidenciable con mejor imagen.

Un altísimo 74% dice estar de acuerdo con las manifestaciones de las últimas semanas y por segunda vez desde 2010 hay más colombianos convencidos de que el manejo de las relaciones internacionales empeora cada vez más.

El paro es a la vez causa y consecuencia de muchas de estas cifras que representan hitos de rechazo a Duque y el Centro Democrático. Sus salidas en falso desde el 21N y la fallida estrategia de la conversación nacional (no por su alcance, sino por su improvisada operación y su tono prepotente), seguirán mermando su capital político y su margen de maniobra. Llegó el momento de oír y actuar, pero sin reventarle a nadie la cabeza a tiros.

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