viernes 23 de abril de 2021 - 12:00 AM

Independencia

En Colombia no nos pueden seguir manoseando nuestra ciudadanía para encubrir esperpentos financieros como el gasto público desbordado y suntuario
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Columna de
Santiago Gómez

En Europa se inventaron una Superliga elitista, con los 12 equipos más poderosos del continente sembrados por siempre en un torneo que prometía poco espectáculo deportivo pero mucho dinero para sus socios. Los aficionados protestaron de manera vehemente contra un formato que les arrebataba la ilusión, mientras emparejaba las castas más elegantes del fútbol continental y escupía a la gran mayoría de clubes que deberían observar desde la incomodidad de sus cuentas bancarias vacías una competencia entre los señores feudales del deporte europeo. Pero pronto la idea fracasó: al desconocer el espíritu competitivo del deporte, negando la posibilidad de participación a los no poderosos, ignorando la relación entre esfuerzo y recompensa, que está en la base de cualquier evento deportivo, los socios huyeron despavoridos. De nada sirvieron las explicaciones en torno a que el torneo permitía 5 cupos adicionales para equipos diferentes a los invitados de lujo. Tan parecido a Colombia.

Los ricos y poderosos, los que creen que un panadero gana dos millones y la docena de huevos es a 1.800 pesos, organizan bacanales a expensas de gobiernos cómplices para favorecer la pronta recuperación de unas cuentas bancarias golpeadas por la pandemia, mientras hacen cabildeo para defender sus intereses particulares y garantizar sus beneficios tributarios. Por más que se disfrace la reforma de “ley de solidaridad sostenible” y se venda como un intento de favorecer a los más pobres -como repartiendo 5 cupos para los demás equipos europeos- sigue siendo un suicidio, como lo era hace un año.

La Superliga fracasó porque los grandes terratenientes intentaron dar la estocada definitiva para monetizar una pasión de muchos – y esos muchos movilizaron el rechazo de unos pocos, pero poderosos, que se alinearon contra una propuesta que nació patas arriba-. En Colombia no nos pueden seguir manoseando nuestra ciudadanía para encubrir esperpentos financieros como el gasto público desbordado y suntuario, o la búsqueda del favorecimiento de los intereses privados de los principales financiadores de campañas del país.

El nacimiento de esta nación se derivó de los abusos impositivos de una metrópoli poderosa hace 200 años. La nueva independencia hoy está en las urnas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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