viernes 04 de junio de 2021 - 12:00 AM

Inscribir para avanzar

La inscripción masiva de cédulas de jóvenes y estudiantes inconformes debería ser otro hito pacífico que magnifique las voces de indignación frente a los oídos sordos de los poderosos.
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Columna de
Santiago Gómez

No votar porque hay fraude electoral, porque los políticos son todos malos o porque siempre ganan los mismos, es tan poco coherente como decidir no volver al médico cuando se está enfermo, porque la gente igual se muere. Votar es potente principalmente porque es el único momento en que un ciudadano común y corriente tiene estadísticamente el mismo poder que quienes llevan viviendo de las arcas públicas durante años. Ese día, cuando nos convocan a todos a las urnas, mi voz -y la suya- vale exactamente lo mismo que la de Uribe, Petro, o cualquier otro colombiano: todas suman uno. La igualdad real excepcionalmente materializada.

El abstencionismo ha sido el gran elector de este país. La derecha no es mayoritaria y la izquierda tampoco termina siendo decisiva para imponer su voluntad tal como hoy están las cosas. Los que ponen presidente en este país siempre han sido los silenciosos e inconformes que deciden no hacer uso de su derecho al voto para combatir justamente a aquellos de siempre que terminan legitimando. Las encuestas previas a la elección del plebiscito por la paz no se equivocaron, la percepción mayoritaria de los colombianos tendía claramente a refrendar el Acuerdo; la consulta anticorrupción hubiera sido aprobada en 2018 si todos aquellos ciudadanos que consideraban necesario reducir el salario de los congresistas o todos quienes entendemos la urgencia de los pliegos tipo hubiéramos votado ese día.

Son elegidos los mismos porque votamos casi siempre los mismos. El día en que la gran mayoría de ese 47% de abstencionistas entienda que la manera más eficiente de ser escuchado por quienes toman las decisiones públicas en este país es votando y que las reivindicaciones de quienes no votan normalmente son sustancialmente distintas a las de aquellos que mayoritariamente lo hacemos, este país va a cambiar.

Desde el 29 de mayo es posible inscribir la cédula para quienes aún no lo han hecho. La inscripción masiva de cédulas de jóvenes y estudiantes inconformes debería ser otro hito pacífico que magnifique las voces de indignación frente a los oídos sordos de los poderosos.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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