viernes 26 de noviembre de 2021 - 12:00 AM

“Jenniferiando” para “abudinear”


La corrupción o los delitos deberían ser, en un país serio, igualmente punibles independiente de la filiación política del acusado.
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Columna de
Santiago Gómez

Me da lo mismo el partido político al que pertenezca la presidenta de la Cámara de Representantes, que según ratificación pública de la Universidad Externado, plagió su tesis de maestría en 2016. La universidad confirmó la existencia del plagio y reconoció las fallas en su accionar que derivaron en la graduación de las dos estudiantes.

Muy difícil nos queda a quienes nos dedicamos a enseñar, sin importar el nivel en que lo hagamos, formar ciudadanos correctos si estas acciones, como desafortunadamente muchas otras ilegalidades, quedan en la impunidad o sus autores no reconocen la responsabilidad sobre los hechos cometidos. Pero ese es un comportamiento recurrente de muchos - no todos- los políticos del país: ahora la “honorable” salió a culpar a sus colegas que la acusan y piden su renuncia por falta de ética. Es
-guardadas proporciones- como si un demostrado asesino dice que no debe ser castigado porque no es el único asesino en el mundo, o porque quien lo juzga no tiene autoridad moral para hacerlo.

Como la gran mayoría de los políticos de este país no asumen públicamente las responsabilidades que se derivan de sus decisiones o de las acciones concomitantes a su labor y las voluntades por castigar el incumplimiento de la ley no suelen ser generalizadas o ni siquiera frecuentes, corresponde a la ciudadanía castigar esta irresponsabilidad mañosa con el voto a conciencia. El país no puede seguir dando el mensaje de que los corruptos se salen con la suya o asumen consecuencias irrisorias por su mala conducta.

La corrupción o los delitos deberían ser, en un país serio, igualmente punibles independiente de la filiación política del acusado. El partido político al que pertenezca esta señora debería tomar medidas drásticas e inmediatas, dada la gravedad del hecho demostrado. Debería apoyar públicamente su destitución y la desafiliación sin cuestionamientos.

Pero no estamos en un país serio, ni la mayoría de los partidos políticos son serios, ni a nadie le importa sinceramente en Colombia la forma en que estamos perpetuando la deformación de las futuras generaciones. La inconsecuencia absoluta, a pesar de la irrefutabilidad moral.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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