viernes 24 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

La crisis de seguridad

La complejidad del fenómeno merece un ejercicio concienzudo y profundo de reforma y operación de estrategias integrales, sin descuidar la atención a las causas...
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Columna de
Santiago Gómez

Si bien la sensación de inseguridad motivada por las redes sociales en la época del “reportero soy yo” suele ir en una dirección no necesariamente idéntica al de la evolución de las estadísticas, es claro que uno de los grandes efectos de la pandemia ha sido la pauperización de las clases media y baja colombianas y ello ha elevado, trágicamente, la incidencia de los hurtos en ciudades como Bucaramanga.

El tema debe ser abordado de manera estructural con una perspectiva estratégica y una definición integral de políticas públicas coordinadas y pertinentes desde lo nacional pero aterrizadas al territorio. La reforma a la Policía no solo es un tema cosmético, como lo ha abordado Duque con el cambio de uniformes. Por allí pasa la consolidación de una estructura que sea más eficiente para combatir la criminalidad, pero a la vez, debe existir un fortalecimiento del sistema de justicia; la intención clara de mejorar el sistema penitenciario, en su infraestructura y su administración; el fortalecimiento de programas de asistencia postpandemia para las clases menos favorecidas; la recuperación de programas de cultura ciudadana preventivos que promuevan la convivencia y la solidaridad ciudadanas para sortear juntos estos momentos de difícil y lenta recuperación económica.

El gobierno debe asumir de manera decidida este reto, fortaleciendo su política de combate a la criminalidad, empoderando la rama judicial y cualificando las recomendaciones del Consejo Nacional de Política Criminal, que son vagas y obvias, poco efectivas. Dotando con más tecnología a los entes correspondientes para anticipar la comisión de delitos, pero también asumiendo seriamente una reforma estructural de la Policía con el fin de hacer más eficiente y menos reactivo su accionar.

La complejidad del fenómeno merece un ejercicio concienzudo y profundo de reforma y operación de estrategias integrales, sin descuidar la atención a las causas que pueden estar generando esa creciente sensación de inseguridad.

Y por último, más inversión social, renta básica, subsidios estructurados y pertinentes, menos moneditas conmemorativas, menos armamento y mucho más contacto con la ciudadanía, para entender que aquello que le preocupa a la gente requiere soluciones complejas pero imperativas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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