viernes 26 de abril de 2019 - 12:00 AM

La cultura es el remedio

Por eso el consumo de cultura –en sus más diversas formas- termina siendo el mejor remedio contra la incultura de nuestra clase política
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Columna de
Santiago Gómez

Esta noche se reinaugura el Teatro Santander y el miércoles pasado la Unab lanzó una nueva versión de la Feria del Libro, dos eventos que sin duda encabezan la cada vez más amplia oferta cultural de la ciudad y que por supuesto significarán más lectura y más arte para los ciudadanos de Bucaramanga. La FILBO abrió sus puertas en Corferias desde ayer y pronto arrancarán en forma las celebraciones del Bicentenario a nivel nacional.

Mientras todo eso sucede, nuestros senadores perpetúan el estilo polarizador, agresivo y claramente inculto de hacer política. Uribe dijo esta semana preferir a un guerrillero armado que a un sicario moral, refiriéndose a Petro. Pero también el presidente de la Cámara de Representantes, el liberal Alejandro Chacón afirmó, ante la evidente sorpresa de los reporteros, que “cualquier bachiller puede presentar una tutela”, refiriéndose a la acción judicial interpuesta por Macías, presidente del Congreso, contra el rechazo de la Cámara a la JEP. Reflejos nacionales asimilables a los que representan los escándalos locales de un alcalde que le da cachetadas a los concejales o algunos más antiguos en los que se equipara la dignidad de una minoría relegada por el centralismo con perfumar heces.

Flaco favor a la democracia de un país en posconflicto le hacen los protagonistas de nuestro sistema político al acusarse públicamente de sicarios o atizar la fogata de los odios y la intolerancia. Flaco favor seguiremos haciendo los votantes cuando en las elecciones locales de este año volvamos a elegir con la expectativa de llenar nuestras billeteras y no de cualificar sustancialmente los debates de política pública protagonizados por nuestros gobernantes.

Por eso el consumo de cultura –en sus más diversas formas- termina siendo el mejor remedio contra la incultura de nuestra clase política, no para hacer mejores personas a los papás de la patria, eso es mucho pedir, sino para que nosotros dejemos de elegir a quienes siguen creyendo que estamos en un país que merece continuar conviviendo con el “usted no sabe quién soy yo”. Leer no da superioridad moral, pero no hacerlo garantiza incapacidad argumentativa.

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