viernes 10 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Lecciones futbolísticas

no importa qué tan vencido se esté, siempre hay oportunidad de reivindicarse si se hacen las cosas bien
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Columna de
Santiago Gómez

Aunque parezca imposible, la final de la Champions en Madrid será entre ingleses: Tottenham-Liverpool. En el camino quedaron un Real Madrid humillado en casa y eliminado por un Ajax sorprendente pero intermitente y un Barcelona sin alma, que no fue capaz de hacer valer un 3-0 alcanzado en el partido de ida.

El fútbol no para de darnos lecciones. Un Liverpool sin sus figuras aplastó al equipo del mejor jugador del mundo –que no al mejor equipo del mundo- quien lució como cualquiera del montón en Anfield, para demostrar que no importa qué tan vencido se esté, siempre hay oportunidad de reivindicarse si se hacen las cosas bien y nunca se pierde la confianza en el buen trabajo realizado. Y en la otra llave, los “Spurs” eliminaron en la reposición al equipo revelación de este año, fiel representante de la escuela holandesa y que fue finalista durante los 94 primeros minutos de partido. Nunca hay que bajar la guardia, siempre hay gente que quiere hacer suyos los triunfos propios.

A las finales siempre clasifican los mejores técnicos, no necesariamente los mejores equipos. Ajax y Barcelona, a pesar de la triste imagen dada en el partido de vuelta de sus respectivas semifinales, pudieron ser a lo largo de la competición, los mejores, pero ni Valverde ni Érik ten Hag tienen aún la jerarquía para ganar una final continental. Al primero le faltó decisión y le falló la estrategia, dos errores imperdonables para un semifinalista europeo. Al segundo le faltó experiencia y le traicionó la suerte. Mientras tanto, Klopp y Pochettino tienen más experiencia y principalmente demostraron más carácter que sus rivales en el banquillo, tuvieron las acciones a realizar claras y movieron las fichas en el sentido correcto. Animaron a sus jugadores y perseveraron cuando anímicamente era más difícil hacerlo. Los liderazgos experimentados impulsan buenas actuaciones de los colectivos, las individualidades pueden dar triunfos aislados, pero los líderes estratégicos, victorias perdurables.

El fútbol es un crisol donde se mezclan las emociones de un universo sorprendente. Somos como vivimos el fútbol, jugamos la vida como entendemos este deporte maravilloso.

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