viernes 13 de agosto de 2021 - 12:00 AM

Leer

Leer genera felicidad a quien lo hace sin compromiso y obligación. Leer enseña, cosas útiles o inútiles -en principio da lo mismo- y abre caminos de comprensión entre quienes aparentemente son diferentes.
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Columna de
Santiago Gómez

Siempre he encontrado pretencioso presumir de las lecturas hechas -creerse mejor persona por ser buen lector-, así como de las buenas acciones realizadas -mercadear la marca personal soportándose en la bondad propia-. Esos son placeres que se deben disfrutar por el simple hecho de generar felicidad auténtica y duradera. No es necesariamente mejor persona quien lee más, pero probablemente si es más feliz que quien no lo hace regularmente. No es más bondadoso quien alardea públicamente de su altruismo que quien disfruta del anonimato de pequeñas acciones inesperadas.

No hay tampoco lecturas buenas y malas. Tampoco es mejor lector quien disfruta El Quijote que quien se devora a Harry Potter en unas vacaciones. Los clásicos son referentes universales que permiten entender -entre muchas otras cosas- qué tan similares somos como raza humana, sin importar la época, la etnia, la cultura. Pero la literatura se transforma con el paso del tiempo sin perder su esencia. Surgen nuevas formas de narrar que tienen valor en tanto transmiten emociones y son capaces de generar puentes entre lectores altamente diversos e historias que vinculan sentimientos con experiencias compartidas.

La forma de escribir se ha transformado, pero la de leer también. La era digital modificó sustancialmente el fenómeno de producción cultural, pero además la divulgación de productos culturales y de su consumo en sí mismo.

Leer genera felicidad a quien lo hace sin compromiso y obligación. Leer enseña, cosas útiles o inútiles -en principio da lo mismo- y abre caminos de comprensión entre quienes aparentemente son diferentes. En ese sentido, leer promueve la convivencia y es un instrumento de tolerancia, por eso prohibirlo es un acto que en su esencia restringe el entendimiento y polariza, exacerbando los odios y promoviendo lejanías.

Leer entretiene, forma e informa. Leer favorece el pensamiento crítico y nos devela nuevas y, en ocasiones, sorprendentes maneras de entender lo que nos rodea. Leer alimenta el espíritu y no exige más que el deseo de hacerlo y un mínimo de concentración.

Por eso y mucho más, leer es bueno. Por eso y mucho más, hay que ir a Ulibro 2021, que tiene ahora muchas historias asombrosas por contar.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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