viernes 03 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Más Carolinas y menos Carrasquillas

Una renuncia y una aceptación que describen dos maneras distintas de aproximarse a lo público. Dos versiones opuestas que delatan intereses individuales y generales en cada uno de sus protagonistas.
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Columna de
Santiago Gómez

Esta semana se anunciaron dos movimientos en el Banco de la República que retratan a cabalidad maneras diametralmente opuestas de comprender y ejercer lo público.

Carolina Soto, esposa del candidato presidencial Alejandro Gaviria, tercera mujer en llegar a la codirección del Banco de la República y nombrada en el gobierno anterior, renunció para evitar un posible conflicto de intereses y dar un mensaje claro de independencia y transparencia. Por otro lado, Iván Duque nombró en su reemplazo a Alberto Carrasquilla, exministro de hacienda de su gobierno, quien debió renunciar luego del retiro de la reforma tributaria que provocó -entre otras circunstancias- el Paro Nacional del semestre pasado. Con este nombramiento, el presidente Duque ha designado durante su mandato a todos los miembros del emisor, a excepción de Villar, su gerente, luego de las renuncias de 5 codirectores ocurridas en el mismo período.

No solo nombrar a su polémico exministro puede reactivar la inconformidad social, sino que le echa candela al debate de la independencia del banco ya que la salida de Carrasquilla del Ejecutivo se dio hace menos de 4 meses. Además, la aceptación por parte del exministro, deja en el aire tintes de oportunismo, ya que el mismo Carrasquilla propuso públicamente hace unos años definir reglas para evitar la transición inmediata de miembros del gobierno hacia la Junta del banco central con el fin de garantizar su autonomía del poder político.

Una renuncia y una aceptación que describen dos maneras distintas de aproximarse a lo público. Dos versiones opuestas que delatan intereses individuales y generales en cada uno de sus protagonistas. El Centro Democrático debería empezar a escuchar a otros y a adoptar maneras menos pretenciosas de imponer sus voluntades con el fin de defender un presidente que es cuestionado por su incapacidad e inexperiencia. Los partidos políticos, absolutamente desprestigiados hoy en día, deben aprender que las renuncias, según como se den, enaltecen a sus protagonistas y sirven para demostrar compromisos éticos con principios fundantes de lo democrático o equivalen a asumir responsabilidades políticas cuando corresponda. Necesitamos más Carolinas y menos Carrasquillas.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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