viernes 02 de julio de 2021 - 12:00 AM

No a la violencia

Los efectos de la violencia han sido profundos y han impactado más negativa que positivamente a las comunidades de los territorios que la han sufrido
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Columna de
Santiago Gómez

La historia reciente dejó a las nuevas generaciones una lección fundamental que no podemos ignorar: la violencia no modificó sustancialmente las estructuras democráticas en el sentido que las reivindicaciones de los violentos exigían. Los costos de la guerra no se compensan nunca con los cambios que de ella emergieron. La constitución de 1991 surgió de una propuesta estudiantil, ciudadana y cívica. El cambio profundo que generó se logró sin lanzar una sola piedra. Por otro lado, la disminución de la violencia derivada de los Acuerdos de La Habana activó y potenció reflexiones políticas necesarias para ambientar modificaciones importantes, así estas no hayan sido implementadas a la velocidad que se esperaba o con la voluntad requerida.

La violencia ha sido un instrumento que se ha utilizado históricamente para canalizar la indignación, pero no ha sido la herramienta más eficiente para lograr transformaciones duraderas. Los cambios estructurales y profundos a los sistemas democráticos han surgido de pactos ciudadanos y acuerdos cívicos no violentos.

Los efectos de la violencia han sido profundos y han impactado más negativa que positivamente a las comunidades de los territorios que la han sufrido, y por lo general sus consecuencias nefastas no son recibidas por quienes están en el centro del conflicto o de la situación problemática que pretenden reversar. Se ha evidenciado históricamente una carga de injusticia altísima siempre que la violencia ha sido protagonista.

La verdadera revolución ha sido siempre la de las ideas, sigue siendo la de la inteligencia alimentada por educación crítica y con argumentación rigurosa. Por ello, la destrucción violenta derivada del inconformismo social no es, ni ha sido nunca el camino. La negación de la interlocución de aquellos que no piensan como uno es también violenta y la tolerancia y la disposición dialógica en momentos como este es fundamental para encontrar salidas que promuevan el cambio.

Y esa interlocución será potente solo cuando se reconstruya la confianza entre los múltiples actores que tienen capacidad de decisión frente a las eventuales soluciones. Y la confianza se construye solo en la medida en que los interlocutores dejen de decir mentiras, ocultar verdades o incumplir promesas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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