viernes 15 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Objeción

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Columna de
Santiago Gómez

Es entendible que el gobierno actual, presionado, por convicción, recomendación o como consecuencia de compromisos adquiridos con los partidos que le respaldan, haya objetado la JEP. Es realmente una promesa de campaña cumplida y en gran medida muchos de los votos alcanzados por el Centro Democrático desde la firma definitiva del Acuerdo exigían dicha objeción. En ese sentido Duque está siendo consecuente y no traiciona su discurso ni el de sus padrinos. De ahí que la sorpresa y la indignación generada son claramente impostadas, lo que no quiere decir que no deba motivar el rechazo de los ciudadanos inconformes.

La objeción, si bien no hace trizas el Acuerdo, lo arruga y lo mancha generando una natural desconfianza entre quienes participaron de su construcción. Si bien no trunca de manera insalvable el proceso de implementación, entorpece gravemente su avance, reinstala dudas ya resueltas por la Corte y profundiza la polarización en un país acostumbrado a que el disenso se soluciona a las cachetadas.

Que la objeción tiene tintes políticos, claro. Así es y era también previsible, porque recarga de combustible a los candidatos que este año harán campañas regionales y da un respiro discursivo y mediático al partido de gobierno. Es más, tiene más valor político en ese sentido que jurídico.

Lo que no se cree ni el mismo Duque es que su decisión no sea un nuevo choque de poderes o respresente revivir efectivamente la confrontación entre el poder ejecutivo y el judicial que caracterizó los gobiernos de Uribe.

Con la votación cerrada del plebiscito de refrendación se abonó un terreno pedregoso y difícil que se sabía iba a ser escenario de luchas políticas como esta. Mientras el país no esté de acuerdo no será posible, ni a punta de objeciones, sentar posiciones de centro que permitan diálogos constructivos frente a la implementación.

Todos debemos seguir construyendo ese país que nos imaginamos, desde la orilla que creamos mejor -o desde la turbulencia constructiva del centro- con el comprobante ineludible de dejarle una mejor Colombia a quienes nos sobrevivan.

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