viernes 29 de abril de 2022 - 12:00 AM

País miserable

La justicia restaurativa es un pilar de los Acuerdos de Paz que permite acercarnos a la no repetición. La verdad sana y contribuye a la reparación. Las víctimas merecen conocer la verdad, el país lo necesita
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Columna de
Santiago Gómez

El 26 de abril se llevó a cabo la primera comparecencia en audiencia de responsabilidad ante la JEP por los casos de los falsos positivos perpetrados entre 2007 y 2008 en el Catatumbo. Seis militares se responsabilizaron por el asesinato de al menos 120 civiles inocentes para inflar las cifras de bajas guerrilleras presentadas por el entonces gobierno de quien puso a Duque en la Casa de Nariño y ahora quiere poner a Gutiérrez.

Este hecho nos convierte en un país miserable y es una mancha indeleble en el comportamiento de las Fuerzas Armadas, para ese entonces, la institución en que más confiaban los colombianos.

La justicia restaurativa es un pilar de los Acuerdos de Paz que permite acercarnos a la no repetición. La verdad sana y contribuye a la reparación. Las víctimas merecen conocer la verdad, el país lo necesita. Por doloroso que sea, visibilizar la realidad nos permitirá como colectivo social construir un mejor país, en el que los asesinatos deliberados de civiles, la doble victimización que implica además estigmatizarlos y tildarlos falsamente de delincuentes, nunca más se repitan. Por eso la JEP tiene tantos enemigos, por eso lo establecido en los Acuerdos es rechazado por los victimarios, porque implica quitar el velo a sus fechorías y hacer un mea culpa público que debería dejarlos, de una vez por todas, sin opciones reales de seguir siendo elegidos en los más altos cargos de poder.

En las próximas elecciones debemos elegir entre quienes, resguardándose en la necesidad social de seguridad asesinaron, mintieron, estigmatizaron y luego negaron por mucho tiempo las atrocidades cometidas y quienes, por otro lado, estuvieron siempre de parte de las víctimas, la verdad y la no repetición de actos barbáricos que solo beneficiaron a los emperadorcitos y tiranos que nos metieron el cuento de que gracias a ello podíamos volver a las fincas.

La política de la seguridad democrática implosionó. Que el Ministro de Defensa y la cúpula militar tambaleen es un signo inequívoco de que se debe replantear la estrategia. Hay que cambiarse los zapatos para poder calzarnos, por fin, el dolor de las víctimas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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