viernes 20 de agosto de 2021 - 12:00 AM

Posperiodismo

Las sociedades no pueden superar problemas colectivos sin periodismo, que quizás con las actividades sanitarias, fue la única que no se detuvo ni un día.
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Columna de
Santiago Gómez

El futuro de la formación de periodistas en Iberoamérica debe pensarse a partir del reconocimiento de que la pandemia nos lanzó a un cruce de caminos entre dos contradicciones que describen un escenario retador: una, que el prestigio académico del periodismo se soporta hoy en día en una de sus principales carencias, la objetividad. La otra, que la universidad, una institución que forma individuos para que cambien el mundo, se resistió durante siglos a transformarse ella misma.

El primer reto, por tanto, es promover el cambio profundo de las dinámicas de formación, lo que exige admitir verdades incómodas: que la mayoría de los docentes no sabían tanto de las nuevas tecnologías y que no hay manera de educar bien sin atender individualmente las necesidades de cada estudiante.

En segundo lugar, las escuelas de periodismo deben asumir el reto de la creatividad disruptiva. Este año aprendimos que hay que abrazar con optimismo el abandono de zonas de comodidad que nos han impedido asumir de fondo la formación efectiva para la solución de nuevos dilemas a los que se enfrenta el periodismo como la pérdida de credibilidad y la reconfiguración del modelo de negocio.

Tercero, transitar el camino hacia reformas estructurales de los planes de estudio: son fundamentales la apropiación pertinente de la educación online, pero también la formación que motive, desde el aula, las reflexiones en torno a los innumerables dilemas éticos a los que se enfrentan los periodistas, recuperando espacios de reflexión académica y conversaciones con los medios que permitan convertir los pregrados en periodismo en escenarios de formación más generalista. Se requieren, adicionalmente, currículos más flexibles, pues solo aquellos que enfrentaron la pandemia aprovechando esa característica lograron adaptarse rápidamente a la contingencia en medio de la crisis.

El impulso transformador que activó el COVID en el mundo de la educación y también en el de los medios, es una oportunidad de mejora inigualable. Las universidades cambiaron más en 18 meses que lo que habían cambiado en décadas. Las sociedades no pueden superar problemas colectivos sin periodismo, que quizás con las actividades sanitarias, fue la única que no se detuvo ni un día.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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