viernes 30 de julio de 2021 - 12:00 AM

Rafael Ardila

Su compromiso contra la corrupción y en favor de la honestidad tanto en lo privado como en lo público, en lo individual y en lo colectivo, deja un legado que es hoy más pertinente que nunca.
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Columna de
Santiago Gómez

Muchas charlas tuve con Rafael Ardila durante los últimos ocho años y no hubo ninguna en la que no me enseñara algo o en la que no me alentara a seguir haciendo bien y mejor las cosas. Su apoyo sincero y fundamentalmente desinteresado fue clave en momentos en los que necesité un buen consejo de un jefe o de un amigo.

De Rafael aprendí a ser más paciente y a entender que hay que rodearse de gente buena, de gente honesta y trabajadora como él, para poder lograr las metas de servicio que teníamos en común y que se soportaban en el convencimiento absoluto de que la educación era la mejor herramienta para transformar positivamente vidas y construir un mejor país. Compartimos siempre intereses políticos similares y eso nos permitió ser cercanos a proyectos que nos inspiraron e ilusionaron en momentos en que poca esperanza tenía en el futuro de este país, en los que él siempre tenía cosas interesantísimas que aportar.

De él aprendí que la amistad no requiere lambonería, que se puede ser frentero sin ser grosero, que el diálogo como instrumento de convivencia es fundamental. De él admiré siempre las rutinas de trabajador entusiasta y comprometido, la bondad de la escucha atenta y auténticamente interesada. Aprendí más de lo que él quiso enseñarme y más de lo que tuve tiempo de reconocerle. Un gran abrazo a toda su familia y todos aquellos a quienes marcó con su paso y seguro extrañarán su amistad y su sabiduría generosa.

Su compromiso contra la corrupción y en favor de la honestidad tanto en lo privado como en lo público, en lo individual y en lo colectivo, deja un legado que es hoy más pertinente que nunca.

Siempre que nos cruzábamos tenía tiempo para hacerme algún comentario sobre mis columnas, que normalmente acompañaba con el gesto de un dedo pulgar hacia arriba, pero también me jaló las orejas después de leer algunas de ellas y eso lo agradecí siempre. Imagino que está leyendo también esta y así sabrá lo importante que fue para muchos, incluyéndome a mí.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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