viernes 08 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Reversa

lo que necesita el gobierno de Iván Duque es asumir los retos que le plantean las coyunturas internas y externas con el talante de un estadista
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Columna de
Santiago Gómez

Colombia, como consecuencia de decisiones equivocadas del gobierno Duque, retrocedió instantáneamente a épocas que debían ya estar superadas.

La torpeza de la inteligencia militar durante el bombardeo en el que murieron siete niños en septiembre pasado, sumado al atrevido ocultamiento de dicha información por parte del exministro Botero recuerdan épocas en las que la defensa de los derechos humanos no era para nada prioritaria en las Fuerzas Armadas. Los desarrollos jurídicos en el ámbito internacional y de protección a la población civil permitieron avanzar en ese sentido y de manera decidida durante las últimas dos décadas especialmente. En ese sentido, los esfuerzos que realizó el Ejército Nacional para generar mayor confianza ante la ciudadanía y mostrarse como garante efectivo de los derechos humanos, se desvanecieron con la noticia nefasta de la brutalidad con la que fue ejecutada la emboscada a las disidencias del Caquetá.

Para completar, el día de ayer Colombia se alineó con el extremo del espectro político internacional en el que cohabitan Trump, Bolsonaro, Netanyahu y Ucrania, que junto al nuestro, fueron los únicos cuatro países del mundo que no rechazaron un bloqueo a Cuba en Naciones Unidas. Si esa decisión le sirviera a Colombia para obtener la entrega de los líderes del ELN que están en la isla, uno podría, aun estando en desacuerdo con la estrategia, reconocer que ubicarse en esa cuestionada facción rindió sus réditos políticos, pero no. Cuba no va a entregar a los guerrilleros y ahora menos. Aislarse internacionalmente no puede ser un costo razonable para pagar con el fin de obtener dicho objetivo.

Renunció Botero, ya era hora. Pero lo que necesita el gobierno de Iván Duque es asumir los retos que le plantean las coyunturas internas y externas con el talante de un estadista que superó –aunque no con muy buenas notas- su mal autodenominado año de aprendizaje. Necesita asumir con firmeza las riendas de un gobierno que avanza en cámara lenta y se aproxima a la mitad de la carrera sin haber siquiera planteado al menos los debates que tendrá que resolver en los años que le quedan.

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