viernes 15 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Salario emocional

El trabajo no solo debe generar retribuciones financieras, sino también emocionales. Se debe sentir que se trabaja con o por un propósito, la productividad debe generar felicidad, no angustia.
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Columna de
Santiago Gómez

El País de España acaba de publicar un artículo sobre los peligros de idealizar la adicción al trabajo. Hoy se celebra y se premia el culto por las horas adicionales de esfuerzo mental y físico que exige atender el frenesí de la posmodernidad hiperconectada y ahora teletrabajadora.

La prevalencia de la valoración desproporcionadamente positiva del exceso de trabajo en tiempos de pandemia elevó las cifras de fatiga, depresión e incluso de enfermedades coronarias y otras patologías relacionadas al cansancio físico y mental en pacientes jóvenes en los últimos dos años. La disolución de la barrera -antes infranqueable- entre la vida laboral y la privada, la desaparición de los tradicionales métodos de control de cumplimiento de tareas en empresas complejas que hacían trabajo presencial y la dificultad para atender condiciones de salud ocupacional óptimas en los hogares, agudizaron el problema. Más horas no significa más compromiso, por el contrario, puede ser síntoma de menos productividad. Si algo enseñó la pandemia es que la mitad de las reuniones se resuelven con un correo electrónico o un mensaje de WhatsApp.

“La romantización del sujeto productivo no solo genera malestares intrínsecos a la esfera laboral -cansancio, ansiedad, depresión- sino graves implicaciones en la división sexual del trabajo”, menospreciando los trabajos domésticos no productivos, dice el diario español.

El trabajo no solo debe generar retribuciones financieras, sino también emocionales. Se debe sentir que se trabaja con o por un propósito, la productividad debe generar felicidad, no angustia. Y eso solo es posible si se tiene una implicación emocional positiva con las tareas que se desempeñan y los propósitos comunes que se establecen.

Contrario a lo provocado por los avances tecnológicos de la revolución industrial, las nuevas tecnologías no han generado una disminución real del tiempo de trabajo destinado a cumplir las metas organizacionales en América Latina, sino lo contrario. Y los discursos que romantizan la adicción por el trabajo y desprecian a quienes reclaman mejores climas laborales para beneficio de la productividad colectiva, profundizan la zozobra.

Estudios indican que por cada 1.000 pesos que una empresa invierte en salario emocional, recibe 1.500 de retorno. Invertir en bienestar es, encima de todo, muy buen negocio.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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