viernes 19 de junio de 2020 - 12:00 AM

Sin fronteras

pensar que los migrantes automáticamente van a quitarle los empleos a los nacionales y que eso irá en detrimento de la economía local, ha sido falaz en más de un sentido...
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Columna de
Santiago Gómez

Hoy, de cara al proceso de recuperación económica al que va a tener que enfrentarse el mundo, será fundamental, tan pronto las condiciones de bioseguridad lo permitan, modificar las percepciones que frente a los migrantes ha tenido históricamente el país.

Están ya sobradamente documentados los efectos positivos de la fuerza laboral proveniente de países extranjeros para el desarrollo económico, así como también desmentidos la mayoría de los mitos que alimentan tendencias xenófobas y desincentivan el aprovechamiento de dichos beneficios.

Mientras las fronteras se erigen actualmente como una de las principales herramientas de discriminación y exclusión, estudios como el de John Kennan, economista de la Universidad de Wisconsin, establecen que la movilidad de fuerza laboral motivada por su apertura en continentes como el africano, representaría un aumento neto del ingreso de un ciudadano promedio de hasta 22.000 dólares anuales. La migración genera riqueza.

La Universidad de Warwick, estableció luego de estudiar flujos migratorios entre 145 países, que este fenómeno está ligado a la disminución de actos terroristas en los países receptores. La London School of Economics probó que en zonas donde la inmigración ha sido masiva, el índice de criminalidad ha disminuido sustancialmente. Así mismo, científicos holandeses determinaron mediante un análisis retrospectivo de noventa estudios sobre el tema, que no hay correlación entre migración y cohesión social. Por otra parte, pensar que los migrantes automáticamente van a quitarle los empleos a los nacionales y que eso irá en detrimento de la economía local, ha sido falaz en más de un sentido, pero primordialmente porque una fuerza laboral más grande, supone más consumo, más demanda, más empleo. La inmigración apenas tiene efectos frente a la disminución de salarios, es una generalización atrevida catalogar a los migrantes como perezosos o asumir que nunca regresarán a su país de origen. La historia y cifras de, por ejemplo, la Universidad de Princeton, lo desmienten. Otro estudio del Banco Mundial determina, además, que si los países desarrollados permitieran el ingreso solo al 3% de los migrantes que lo soliciten, se generarían 305 mil millones de dólares adicionales.

El reto debe ser, como siempre, promover la competitividad nacional.

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