viernes 03 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Tiro por la culata

Volvieron a rondar las acusaciones de repartición de mermelada, “voltearepismo”, ausentismo premeditado para bloquear votaciones, y se revivió la polarización
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Columna de
Santiago Gómez

Desde el lunes los senadores –ya los representantes las habían rechazado- estaban decidiendo sobre las objeciones a la JEP presentadas por el Ejecutivo, que al representar un tema estructural y decisivo en la ejecución del postacuerdo debieron haber sido resueltas desde hace ya varias sesiones, si no fuera porque en Colombia la manera de hacer política es particularmente truculenta y mañosa.

El lunes arrancó la discusión y solo hasta ayer jueves se cerró, pero sin decisión. En primer lugar, aplazamientos derivados de la fuga voluntaria del recinto por parte de los senadores Castañeda (Cambio Radical), que desobedeció la directriz de su partido; Amín, Pulgar, Zambrano, Martínez –que anunció rechazar las objeciones y luego desapareció sospechosamente- y Name (de la U), que hicieron recordar épocas de la yidispolítica y los Teodolindos que rondaban los pasillos del Congreso; pero también aplazamientos por “errores involuntarios” del presidente Macías en la convocatoria de las sesiones, así como de problemas en la interpretación –bastante conveniente- de las mayorías requeridas, evitaron llegar a decisiones.

Sobre el Congreso, como consecuencia de los hechos ocurridos esta semana, volvieron a rondar las acusaciones de repartición de mermelada, “voltearepismo”, de ausentismo premeditado para bloquear votaciones estratégicas y se revivió la polarización recalcitrante con acusaciones de alto calibre entre los honorabilísimos senadores. Al final, ayer en la tarde, los senadores manifestaron textual y públicamente estar “mamados” de este debate y por iniciativa de Macías trasladaron a la Corte el tema.

Aún faltan las discusiones sobre Ley TIC y Plan de Desarrollo, que por supuesto estarán sujetas a lo que decida la Corte frente a las objeciones, lo que ante la premura del tiempo permite anticipar un balance legislativo pobrísimo para el gobierno en esta primera legislatura. Las estrategias dilatorias del partido de gobierno terminaron por sacrificar su propia agenda legislativa y dejar temas clave en la presidencia de la Cámara, en manos de un opositor liberal. Todo parece que ni pan, ni queso para el Centro Democrático. Los políticos escupiendo para arriba. Total: en un “forcejeo” –para ponerlo en sus propias palabras- con la diligencia legislativa, los gobiernistas volvieron a perder.

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