viernes 06 de mayo de 2022 - 12:00 AM

Todos somos culpables

El algoritmo lee nuestras costumbres de consumo informativo y en cierto sentido nos deshumaniza al convertirnos en datos, pulsiones numéricas, casi que en rayas y puntos, unos y ceros que son leídos para descifrar nuestras próximas decisiones.
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Columna de
Santiago Gómez

El filósofo surcoreano Byung-Chul-Han argumentó en su más reciente libro que el factor más importante para obtener y ejercer poder hoy no es, a diferencia de lo que sucedía el siglo pasado, el dominio de los medios de producción sino el control y acceso privilegiado a la información que circula frenéticamente en las redes e internet. Por ello, la tecnología, dice, hace de la comunicación el principal medio de vigilancia social. Cuantos más datos generemos como individuos conectados, más fácil será ser vigilados y controlados. Esa sensación de libertad asegura, paradójicamente la dominación.

El algoritmo lee nuestras costumbres de consumo informativo y en cierto sentido nos deshumaniza al convertirnos en datos, pulsiones numéricas, casi que en rayas y puntos, unos y ceros que son leídos para descifrar nuestras próximas decisiones. El algoritmo nos relaciona así con quienes piensan parecido y eso destruye la democracia porque elimina la argumentación, el discurso, la reflexión entre distintos. La acción comunicativa de Habermas se va al carajo al convertir el relato narrado, que permite el disenso, en fragmentos cortoplacistas y poco permanentes de afectos alejados de la reflexión inteligente y la interacción constructiva.

Así, los votantes no solo dejan de informarse sobre lo complejo, sino que se dejan manipular voluntariamente por la comodidad de la publicidad que refuerza sus convicciones, sean estas reales, lógicas, éticamente correctas o no. La ciudadanía deja de ser sensible ante las cuestiones relevantes socialmente y contribuyen así a dividir el mundo entre amigos (a los que les doy likes sin miramientos) y enemigos (a quienes se bloquea o “trolea” porque sí).

El diálogo entre diferentes se esfumó. Al deshumanizar el discurso ajeno se cae más fácilmente en la trampa de las noticias falsas, al caer en la lógica de un mundo de certezas construidas artificialmente por la magia del meme se rompe el acuerdo democrático para acercarse peligrosamente a la autocracia.

Por eso, en esta elección van a ganar los que van a ganar, porque el debate profundo se reemplazó por las jugarretas futbolísticas, las acusaciones lanzadas sin pruebas y las retractaciones simbólicas. Por eso nos va como nos va.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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