viernes 21 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Último capítulo

Una generación entera que podrá elegir presidente por primera vez en un año. De ahí la potencia de su indignación, la profunda desesperanza por un pasado excluyente y la ilusión en un futuro mejor.
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Columna de
Santiago Gómez

En agosto se empezaron a hacer ciudadanos los nacidos después de que Uribe obtuvo la presidencia por primera vez. Ellos son los protagonistas de las movilizaciones que desde el 28 de abril se están llevando a cabo en Colombia, jóvenes que en su mayoría desconocen un país con liderazgos que no estén determinados -a favor o en contra- por el hacendado antioqueño. Una generación entera que podrá elegir presidente por primera vez en un año. De ahí la potencia de su indignación, la profunda desesperanza por un pasado excluyente y la ilusión en un futuro mejor. El ímpetu de sus reclamaciones se explica, en gran parte, por no haber tenido la oportunidad de vivir un país más justo, por no haber visto triunfar voces que hagan eco de sus reivindicaciones. Sus desgarradores reclamos provienen de la frustración generada por un país que les cerró las puertas y hoy desestima sus gritos.

En segundo lugar y por primera vez en un siglo, este estallido social no se puede explicar desde un país azotado por la violencia, gracias a los Acuerdos de Paz, lo que permitió poner sobre esa mesa en la que el gobierno actual baraja el descontento ciudadano, nuevos problemas, igualmente estructurales, que con displicencia habían sido aplazados.

También, la particularidad del movimiento actual está explicada por los coletazos sociales y sicológicos de una pandemia inesperada y brutalmente cruel que empobreció a casi todos y que hizo más sensible a una juventud que constató que la mayoría está del mismo lado de la inequidad. A diferencia de otros momentos históricos, hoy casi todos y como consecuencia de este año largo, larguísimo, nos sentimos más indefensos ante una estructura estatal que, por corrupta, no ha podido atender las necesidades de la mayoría.

Por último, esta coyuntura ha sido particularmente poderosa por el impacto de las redes sociales, por la inmediatez de su reacción a las injusticias sociales, económicas y por la visibilización del abuso policial y estatal.

Por la confluencia de esos cuatro factores, se está empezando a cerrar un capítulo de nuestra historia reciente. Los jóvenes están pasando por fin esa página.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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