viernes 07 de junio de 2019 - 12:00 AM

Votar pensando

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Columna de
Santiago Gómez

Estamos a un mes del inicio de una nueva campaña electoral, esta vez en los ámbitos local y regional. En tan solo cinco meses los bumangueses y santandereanos sabremos quien sucederá a Hernández y Tavera. Una decisión de no poca monta. Por ello, es buen momento para reiterar que cuando elijamos a los futuros encargados de tomar las decisiones públicas más importantes de la ciudad y el departamento, lo hagamos teniendo en cuenta criterios racionales y principalmente recabando la mayor cantidad de información posible. 86

Dos máximas son fundamentales para elegir bien: primera, solo quienes han demostrado favorecer el interés común sobre el individual merecen ser elegidos y, dos, aquello que los candidatos dicen que harán al llegar al poder, suelen ser lugares comunes en los que más o menos todos estaríamos de acuerdo: mejor salud, más empleo, mejor movilidad, educación de calidad, no tolerancia con los corruptos. Por ello, la decisión de voto debe estar determinada principalmente por las siguientes convicciones: no importa lo que prometan, lo que define a los candidatos es aquello que ya han hecho o lo que han dejado de hacer. Eso es inocultable. Y segundo, será siempre mejor elegir a alguien que ha tomado decisiones públicas que benefician a todos y no solo a unos pocos, a candidatos que demuestren no haberse beneficiado individualmente por el ejercicio público.

Hay una diferencia sustancial entre votar y votar bien. Lo primero es fácil y lo segundo no lo es, porque implica un ejercicio racional de confrontación argumentativa, exije recolectar y procesar información y priorizar necesidades desde el filtro de lo colectivo. 266

En agosto, como siempre, habrá candidatos del descaro, que creen que en la política todo vale. Habrá outsiders que desconocen y no han estudiado el funcionamiento de lo público y pretenderan gobernar sin conocer las dinámicas políticas, lo cual es fundamental para cambiarlas. Habrá candidatos culebreros que prometen y engañan. Pero, por el bien de la democracia, debería haber un gerente honesto que conozca la dinámica de lo público y su importancia para el logro de objetivos comunes. La pregunta no es ¿Qué va a hacer?, sino ¿cómo va a hacer eso que cree debe hacerse?

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