viernes 15 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Ya votamos, ahora marchamos

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Columna de
Santiago Gómez

La última vez que salí a marchar fue en 2008, cuando me uní al “millón de voces contra las Farc”. Aquel día, gracias a lo que aún hoy se considera “la más multitudinaria marcha cívica que Colombia recuerde en su historia”, algo más de cuatro millones de colombianos gritamos hasta la afonía “No más Farc”. Ese día, logramos precipitar el quiebre en la relación de poder entre el gobierno, en ese entonces en cabeza del senador Uribe, y el grupo guerrillero más poderoso del país, hoy desmovilizado.

Ese día evidenciamos que no era cierto lo que para los guerrilleros era el soporte ideológico de su lucha: el apoyo de la gente. Los colombianos no aguantábamos más guerra y así lo gritamos en las calles. Eso derivó, no solo en la liberación de varios secuestrados, sino que aceleró secretamente los esfuerzos uribistas por negociar con la subversión.

Este 21 de noviembre, en el uso del legítimo derecho a expresar pacífica pero vehementemente mis desacuerdos con un gobierno terco, que se cree autosuficiente mientras atenta contra los derechos humanos y no demuestra la transparencia que le exige el sistema de pesos y contrapesos democráticos, saldré a la calle de nuevo. Saldré porque me cansé de las mentiras con que este gobierno pretende mantener el control, soportándose en montajes que circulan en las redes sociales. Saldré sin ánimo de polarizar, no creo en izquierdas ni derechas. No saldré a tumbar a Duque sino a exigirle que mejore, que cambie ese estilito de gobernar con agendas ocultas, que entienda de una vez por todas que cuando uno gana la presidencia dividiendo, luego será incapaz de gobernar para unir; que reconozca que si su partido soporta las estrategias electorales en enfurecer a los ciudadanos, esa furia hace inevitablemente metástasis en el debate que ellos hagan sobre lo público. Saldré a las calles para hacerle entender al gobierno que estoy cansado de tanta improvisación, saldré para gritarle al oído que su atrevido “año de aprendizaje” finalizó hace más de tres meses. Saldré para que entienda de qué carajos es que le estamos hablando, viejo.

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