lunes 31 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Ciudad y campo

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Columna de
Sergio Arenas

Según estimaciones de ONU HÁBITAT 2020, en el mundo, una de cada cuatro personas habita en asentamientos informales. En Colombia, estos asentamientos informales son el producto de varias causas, como la ausencia de oportunidades en el campo, la falta de acceso a los servicios públicos en zonas rurales, la ausencia de una vivienda de calidad, los procesos de migración provenientes de otros países y la necesidad de vivir cerca de las ciudades, que se asocia a oportunidades de empleo y trabajo en respuesta a un pensamiento moderno de la sociedad, agravada por los efectos del conflicto armado. Esto conduce a un proceso de desplazamiento de nuestros campesinos hacia las ciudades.

El Gobierno de Gustavo Petro, dentro de su Plan de Gobierno y en ejercicio de su filosofía posmodernista, buscará destinar la mayoría de recursos públicos a la vivienda y saneamiento básico rural a través del Plan Nacional de Desarrollo, tratando de demostrar las bondades del campo e incidiendo para que nuestros campesinos no se desplacen hacia las ciudades; prometiendo, además, una redistribución de la tierra como su principal instrumento para lograrlo, pero sin que se conozca aún cómo usar la tierra y sin definir claramente las líneas de financiación para la implementación de proyectos productivos.

Teniendo en cuenta que las ciudades son el actual refugio de un número importante de personas, y ante la perspectiva idealista del actual Gobierno frente al campo, debemos cuestionarnos, considerando que los recursos públicos son finitos, si el Gobierno debería dedicar todos sus esfuerzos a superar el déficit habitacional de las ciudades en estos cuatro años, o si debería destinar esos recursos públicos a las zonas rurales, contrariando el pensamiento colectivo modernista que prevalece en nuestra sociedad.

Mientras el actual Gobierno nos plantea que el campo es el futuro de Colombia, aspecto que comparto, la concepción de cómo hacerlo no la comparto. El campo necesita industrialización para que sea eficiente y sostenible. Redistribuir la tierra no es la solución, si esta no viene con procesos industriales de la mano y para ello se requiere al sector privado, con inversiones de mediana y gran escala.

Por ello, designar los pocos recursos públicos que se tienen al déficit habitacional rural, que es menor que el urbano, es un error. El déficit habitacional y de servicios públicos rurales debe financiarse desde los proyectos industriales de mediana y alta escala de la mano del sector productivo a través de mecanismos como el de obras por impuestos. Todo lo anterior tendría mayor impacto, dado que la infraestructura ya existe y esto no solo disminuye los costos sino que hace realidad el bienestar social que se promete.

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