lunes 30 de enero de 2023 - 12:00 AM

Sergio Arenas

Efecto colateral

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Columna de
Sergio Arenas

Todos recordamos el efecto que generó Antanas Mockus en los bogotanos. Mockus hizo de Bogotá unos de los lugares más agradables para vivir. Su plan de gobierno enfocado en la cultura ciudadana cambió radicalmente la relación del ciudadano con la ciudad. Este es un ejemplo del efecto que genera un líder cuando llega al poder.

Indiscutiblemente, el perfil de nuestros gobernantes influye en el comportamiento de las personas. Así como Mockus impactó localmente en las mentes de los ciudadanos, hoy estamos viviendo el efecto que está generando Petro en la presidencia a nivel nacional.

El origen de Petro y su relación con el M-19, aunado a todo lo que lo rodea, hace que ese efecto sea igualmente proporcional a lo que él mismo ha desconocido: la institucionalidad.

Esa institucionalidad que siempre ha sido atacada y desestimada por Petro, hoy es atacada y desconocida por muchos ciudadanos.

El que Petro haya llegado a la presidencia ha generado, para gran parte de los colombianos, un efecto preocupante frente a la cultura de la informalidad.

La informalidad sustentada en la narrativa de la economía popular genera impactos negativos para la competitividad de nuestro país.

La cultura de no reconocer las instituciones y de no formar parte de los esquemas de formalización y regularización de las actividades económicas hace que nuestro país crezca desordenado y sin un propósito común.

Sumado a esto, otro efecto que genera Petro es la división. El país sigue dividido y esa división aumenta más en lo que va de su gobierno, situación que augura que este cuatrienio no terminará bien.

Petro tiene una enorme responsabilidad: hacer que los ciudadanos valoren y respeten las instituciones y que la informalidad no siga en aumento, como pasa actualmente.

Sabemos que el modelo económico de Petro plantea nuevas ideas y enfoques, algo que no está mal. Lo malo es pretender que dicho modelo se construya por fuera de la institucionalidad, y peor aún, si se sigue promoviendo la división de los colombianos.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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