lunes 12 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

Límite planetario

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Columna de
Sergio Arenas

La lucha contra el cambio climático, los objetivos de desarrollo sostenible y la búsqueda permanente de la defensa del medio ambiente tienen en jaque al sector industrial, no solo por las inversiones económicas derivadas de la exigencia de la transición energética en épocas de crisis mundial, sino por la explosión social derivada del discurso extremista de la protección del planeta que impide que algunas industrias sigan funcionando a pesar de sus esfuerzos para la implementación de procesos y tecnología que disminuyen los impactos ambientales.

La meta establecida por 70 países de lograr la neutralidad de sus emisiones de carbono para el 2050 es una quimera frente a la realidad de una transición energética, que si bien encontrará procesos menos contaminantes, nunca logrará los objetivos propuestos. Chile, por ejemplo, para el 2050 tendrá cerca de 1 millón de toneladas de desechos fotovoltaicos producto de los proyectos de energía renovables que hoy lo tienen dentro de los cinco países más adelantados en procesos de transición energética.

Es una permanente hipocresía que invade a las comunidades y que es muy bien aprovechada por los discursos populistas que traen consigo efectos económicos y sociales desastrosos.

Mantienen un discurso donde los objetivos de desarrollo sostenible son la excusas perfecta para frenar los procesos industriales, que son necesarios para lograr construir un hábitat digno para los seres humanos.

En todo el mundo hay alrededor de 2.200 millones de personas que no cuentan con servicios de agua potable, 4.200 millones de personas no cuentan con servicios de saneamiento y 3.000 millones carecen de instalaciones básicas. Todo esto requiere de las industrias. Hoy los mismos que defienden la vida digna atacan a las empresas que proveen de estas soluciones.

¿Cómo encontrar el punto de equilibrio entre el límite planetario y el hábitat digno para los seres humanos?.

Para Cumming, la sostenibilidad del planeta depende de la comprensión que se tenga de las dinámicas entre los sistemas sociales y ecológicos articulados.

Implica la necesidad del manejo a diferentes escalas espaciales y temporales, de reconocer que el cambio en los sistemas es inevitable y que la gestión es precisamente una gestión del cambio y no la que se opone a éste.

Mientras no queramos reconocer que el ser humano hace parte de un sistema socioecológico en donde se contamina por naturaleza y no se acabe el discurso populista sobre los objetivos de desarrollo sostenible, las políticas públicas que se implementen traerán solo hambre y desolación.

Mientras no queramos reconocer que el ser humano hace parte de un sistema socioecológico en donde se contamina por naturaleza y no se acabe el discurso populista sobre los objetivos de desarrollo sostenible, las políticas públicas que se implementen traerán solo hambre y desolación.

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