lunes 03 de enero de 2022 - 12:00 AM

¿POT a la brava?

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Columna de
Sergio Arenas

El Plan de Ordenamiento Territorial es el instrumento de planificación mediante el cual se ordena el territorio, se clasifica el suelo, se definen los sistemas generales estructurantes, se establecen las normas urbanísticas a mediano y largo plazo, con una visión colectiva, construida por todos los actores de la sociedad. Por ello, su aprobación resulta un acto bastante complejo y no es para menos, ya que el POT es la hoja de ruta de una ciudad y por ende sus habitantes deben hacer parte de esta iniciativa y aprobación.

Pero Claudia López, en su afán de protagonismo mesiánico, utiliza un formalismo legal para aprobar por decreto (a la brava) el Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, el que más allá de haber quedado mal estructurado, desconoce el componente más importante que todo POT debe tener y el único que le otorga legitimidad: los ciudadanos.

Claudia López, además de mezclar su plan de desarrollo y su discurso de candidata permanente (en búsqueda de la presidencia), manifiesta que ella representa la democracia y vende la aprobación del POT como un hecho histórico que pagará las deudas sociales y ambientales de Bogotá en los próximos 15 años.

Termina manifestando que quedan muchas cosas por reglamentar, lo cual genera una inmensa inseguridad jurídica. Crea una gran incertidumbre con el valor del suelo, cercena la posibilidad del crecimiento de Bogotá y conmina a la renovación urbana, a pesar de la complejidad histórica de este instrumento (ineficiencia institucional, exceso de requisitos y trámites y ausencia de políticas de incentivos). Insiste en una ciudad de 30 minutos, pero acaba con varias vías como la ALO. Desconoce los nuevos conceptos de vivienda y pretende trasladar la ineficiencia y ausencia de recursos de los gobiernos municipales, a través de cargas urbanísticas a los constructores, lo que haría inviable hacer proyectos inmobiliarios.

Los expertos en urbanismo reconocen que la legitimidad de un POT lo da su proceso de construcción y socialización. Por eso las administraciones deberán fomentar la concertación entre los intereses sociales, económicos y urbanísticos, mediante la participación de los pobladores y sus organizaciones, tal como lo establece la Ley 388 de 1997.

Por ahora, el acto heroico de la alcaldesa terminará demandado y suspendido, ya que desconocer a la ciudadanía le traerá muchas demandas. Bogotá no gana, pierde.

Italo Calvino dijo: «Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía [...], son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos». Su POT no logra alcanzar esa definición.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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