lunes 23 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Reforma mental

Colombia necesita una reforma, pero una reforma mental. No salga a marchar, mejor vote bien
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Columna de
Sergio Arenas

Según la dirección de estudios económicos del Departamento Nacional de Planeación, durante el siglo XX se llevaron a cabo 24 reformas tributarias en Colombia, 10 de las cuales sucedieron en la primera mitad del siglo, cuando se presentaron en promedio 1,6 reformas tributarias por década, mientras en la segunda mitad el promedio fue de 3,2. La década de los noventa registró 8 reformas tributarias, el mayor número en todas las décadas del siglo. A lo largo del siglo XXI se han aprobado 11 reformas tributarias, es decir, un promedio de 6 reformas cada década.

La reciente reforma tributaria, aprobada en la madrugada del 20 de diciembre y denominada ley de crecimiento económico, reemplazará la fallida ley de financiamiento que hundió la Corte Constitucional por aspectos formales. La reforma tiene como ícono, según el gobierno, la protección a los más pobres y beneficios para los pensionados y los jóvenes, pero por otro lado sus contradictores afirman categóricamente que dicha reforma solo beneficia a los ricos.

Vale la pena preguntarnos por qué tantas reformas tributarias y qué relación tienen estas con la pobreza ¿Será esta la única forma de disminuirla?

De acuerdo a un estudio publicado por la Universidad Santo Tomás, en marzo de 2018, la pobreza se examina mediante dos índices presentados por el Dane, el índice de necesidades básicas insatisfechas (NBI) y el índice de pobreza multidimensional (IPM).

El estudio afirma que las variaciones porcentuales de los índices de pobreza difieren del comportamiento de los recursos tributarios, por cuanto es de esperar que a mayores ingresos recibidos por el Estado se mejoren los indicadores sociales sustancialmente. En este caso, el índice de pobreza monetaria extrema (IPME) aumenta en la medida en que sube el recaudo tributario y disminuye cuando cae el mismo.

El Estado necesita 270 billones para su funcionamiento, de los cuales 54 billones se pagan al sistema financiero para pagar el costo de la deuda. Y un dato curioso, la educación consume 44 billones, sin contar con los 50 billones que vale la corrupción. Colombia necesita una reforma, pero una reforma mental. No salga a marchar, mejor vote bien.

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