lunes 03 de junio de 2019 - 12:00 AM

¿Santander, paraíso ambiental?

La legislación en las dos materias es absolutamente surrealista, no existe una integración armónica, coordinada y lógica frente al tema de la explotación de los recursos naturales
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Columna de
Sergio Arenas

La definición de “paraíso” según la Real Academia Española es: “En el Antiguo Testamento, jardín de delicias donde Dios colocó a Adán y Eva”. Igualmente, lo asocia a paraíso fiscal: “País o territorio donde la ausencia o parvedad de impuestos y controles financieros aplicables a los extranjeros residentes constituye un eficaz incentivo para atraer capitales del exterior”. Ambientalmente hace referencia a lo que nos “rodea o acerca”.

Gran parte de la población colombiana entiende “paraíso ambiental” como un lugar extraordinario, en donde la naturaleza es la razón misma de la existencia del ser humano. En donde los recursos naturales son los elementos más valiosos en estos momentos en la Tierra, ante la ausencia de oxígeno y agua, situación evidente en las ciudades, especialmente en los países desarrollados.

En contraste, están los que entienden “paraíso ambiental” como el lugar en donde pueden obtener la mayor rentabilidad de sus operaciones mineras, al contar con beneficios legales y fiscales, ausencia de controles ambientales eficientes e idóneos y mano de obra calificada barata. Esto, acompañado de la devaluación de la moneda colombiana, convierten a nuestra región en un verdadero paraíso para las grandes empresas de explotación minera.

Esta misma disyuntiva frente al concepto de paraíso ambiental la tienen los ministerios de Minas y Energía y el de Ambiente y Desarrollo Sostenible. La legislación en las dos materias es absolutamente surrealista, no existe una integración armónica, coordinada y lógica frente al tema de la explotación de los recursos naturales y su protección. Por un lado, concesionan los recursos del Estado a cuanto titular aparece, y por el otro lado, se protegen los recursos naturales a capa y espada.

La delimitación del páramo de Santurbán es un ejemplo claro: contratos de concesión minera otorgados hace muchos años, versus declaratorias de áreas de protección posteriores a las concesiones dadas.

¿Ambiente contra minería? ¿Qué pasa si gana lo ambiental?, ¿tendremos que pagar de nuestro bolsillo las demandas que iniciarán los concesionarios mineros? ¿Cómo entender el concepto de paraíso ambiental en Colombia y en Santander?

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