domingo 12 de junio de 2022 - 12:00 AM

Seamos pragmáticos

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Columna de
Sergio Arenas

Hoy tenemos cuatro opciones. Votar por Gustavo, por Rodolfo, en blanco y no votar. Ahora, frente a las anteriores opciones tenemos dos grupos de ciudadanos. Los que votarán por Gustavo, y el resto.

En el primer grupo, el de la izquierda, que en nada ha cambiado desde que sustituyeron los fusiles por el sicariato digital moral, logrando desaparecer del escenario político con sus bodegas mercenarias mediante su política del todo vale, al uribismo y al fajardismo, se divide en dos: Los secuestrados y los infiltrados.

Los secuestrados son a los que sistemáticamente les fueron lavando el cerebro con la narrativa de la humanidad, igualdad, equidad y el amor, producto de una estrategia política montada desde las más oscuras y tenebrosas páginas del comunismo, y que sin importar los actos más perversos que realice este grupo, votarán por Gustavo bajo el síndrome de Estocolmo, así dicho proyecto esté manchado por su pasado como insurgencia y su presente como mentira.

Los infiltrados. Este grupo especialmente “políticos” muchos verdes camaleónicos, que se quedaron sin el discurso (que los hizo elegir) contra el uribismo después de la primera vuelta, quedaron desnudos como proyecto político corriendo a refugiarse en la izquierda, sin saber que se encontrarían con la misma cloaca tradicional politiquera que tanto criticaron.

En el segundo grupo, en el del resto: Este grupo está dividido en: Derechistas y Centristas.

Los derechistas: Ellos creen en un país en donde se respeten sus instituciones, la familia, la libre competencia, la propiedad privada, que entiende que eliminar al rico es matar al pobre y que trabajando y pagando impuestos es que se logra el bienestar social de la población.

Los centristas: Soñadores. Es una mezcla de la política del amor con la libre competencia. Su esencia idealista los lleva a dudar permanentemente, pero con algo muy valioso, honestos y con buenas intenciones.

¿Entonces dónde queda Rodolfo? Rodolfo rompió los esquemas. Es una nueva política. La política de la verdad. Sin tapujos, ni triquiñuelas. A la yugular como nos gusta a los santandereanos.

Esta nueva corriente derivada del imperativo categórico, es la que tenemos como mejor opción el próximo 19 de junio, con sus defectos y virtudes. El verdadero cambio.

Seamos pragmáticos, ¿votamos por los mismos o votamos por Rodolfo? En blanco ni por el berraco, es votar por Gustavo; y no votar, realmente es no ser colombiano.

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