lunes 29 de abril de 2019 - 12:00 AM

Todos somos teatro

...es el lugar donde se vive nuestra cultura y nos conectamos con nuestro pasado santandereano, libres de diferencias políticas y religiosas.
Un lugar mágico.
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Columna de
Sergio Arenas

Se subió el telón el pasado viernes 26 de abril. Mil personas fuimos testigos de la magia que esconde el cañón del Chicamocha, gracias a la obra de la maestra Beatriz González que indudablemente conecta al Teatro Santander con nuestra sangre guane.

La presentación de los sesenta y cinco artistas que conforman la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Bucaramanga fue igual de majestuosa que las cordilleras y los arreboles incandescentes. Con sus notas nos transportaron al epicentro de los permanentes sismos del cañón.

Las notas iniciales reflejaron las apacibles aguas del río Suárez y del río Fonce que, perfectamente mezclados, acompañaron los 227 kilómetros del cañón del Chicamocha. Guiados por el maestro Eduardo Carrizosa revivimos nuestra historia santandereana.

La perfecta coherencia en la participación de los instrumentos rompió la brecha de dieciocho años de desolación y ruina que marcaron la historia de este monumental lugar, en la noche del viernes se borraron de nuestra memoria.

La participación del pianista ruso Sergei Sichkov, revivió la brisa calurosa que emerge de las entrañas de Cepitá, Jordán y Cabrera, testigos del paso de nuestros indios, los restos de algunos reposan en la Casa de Bolívar.

La interpretación de la obra “Batalla por la independencia” del compositor Jesús Pinzón Urrea se entonó en las voces de la soprano Luz Helena Peñaranda y el declamador Vladimir Salamanca, acompañados de la percusión llamaron nuestra atención, pues en ella identificamos nuestra raza fuerte y decidida, que evocan la indudable coordinación de nuestros guerreros en la Batalla de Palonegro en mayo de 1900.

El Teatro Santander, más allá de ser indudablemente el mejor teatro de Colombia en términos arquitectónicos y el más moderno de Latinoamérica, es el lugar donde se vive nuestra cultura y nos conectamos con nuestro pasado santandereano, libres de diferencias políticas y religiosas. Un lugar mágico. Todos somos Santander. Todos somos teatro.

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