lunes 03 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Visa para un sueño

El sueño de ser vacunado se impregna en cada viajero que arguye ser residente americano y que está dispuesto hasta a renunciar a su nacionalidad colombiana con tal de obtener el preciado líquido.
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Columna de
Sergio Arenas

El proceso de vacunación en Colombia hace que inevitablemente recordemos a Juan Luis Guerra con su canción «Visa para un sueño». En este caso, el sueño es ser vacunado.

Mientras en Colombia solo el 10 % de la población está vacunada, la cifra de muertos llega a 500 diarios. Las vacunas de segundas dosis no llegan en las fechas exactas, y el cierre de la economía es la única herramienta de nuestros gobernantes para no llevar a Colombia a un colapso que termine en un golpe de Estado. Estados Unidos como potencia mundial capitalista decide donar 60 millones de vacunas, y ya más del 50 % de su población está vacunada.

Por su parte, la inconsciencia de la población con las medidas de protección es absoluta, salen a marchar a pesar de que el Gobierno Duque retiró la reforma tributaria, en uno de los momentos más difíciles para el sistema de salud.

Por ello hoy, la única opción para vacunarse es viajar a Estados Unidos, pues la población menor de 50 años parecemos estar dentro del programa de la vacunación de rebaño, es decir, cuando ya no la necesitemos.

El sueño de ser vacunado se impregna en cada viajero que arguye ser residente americano y que está dispuesto hasta a renunciar a su nacionalidad colombiana con tal de obtener el preciado líquido. Lo cierto es que en Estados Unidos la vacuna se convierte cada vez más en una forma de reactivar la economía, ya que la visa de turista B1/B2 autoriza el acceso a tratamientos médicos, entre otras actividades que se pueden realizar dentro del país migratoriamente hablando. Y el USCIS-U.S. Citizenship and Immigration Services y el Departamento de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security) declararon, en su sitio de internet el 1 de febrero de 2021, su intención de no hacer ningún tipo de redadas en centros de vacunación para que toda persona sin importar su estatus migratorio pueda acceder a la vacuna.

Por ahora nos queda o viajar o cantar: «Eran las siete ‘e la mañana, y uno por uno al matadero. Pues cada cual tiene su precio, buscando visa para un sueño...».

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