jueves 26 de agosto de 2021 - 12:00 AM

¿Quién paga?

Colombia obtuvo una calificación de 46,7 puntos ubicándose en el puesto 56 de las 64 economías analizadas por el Índice de Competitividad Global 2021, presentado por el Institute for Management Development, IMD.

Retrocedimos dos puntos con respecto al resultado del año anterior como consecuencia de los largos aislamientos por la pandemia y a los coletazos de los bloqueos derivados de las marchas en contra de la reforma tributaria, que duraron casi 50 días. Así que, el país nuevamente se raja en manejo macroeconómico, estabilidad jurídica e inestabilidad en términos de atracción a la inversión.

Este índice determina qué tan fácil es hacer negocios en los países, en el caso de Colombia, quizá no nos sorprenda su resultado, pues sabemos que hacer empresa en este país lo complica la cantidad de trámites, impuestos y condiciones jurídicas cambiantes.

Por su parte, las marchas bajo el nombre de “protesta social”, en que se vio envuelto el país durante el pasado mayo, buscaron el NO a la nueva reforma tributaria del gobierno, pero con el pasar de los días, se desdibujó su sentido y se convirtieron en un campo de batalla en el que se enfrentaron los extremos, profundizando aún más la crisis económica que venía con una esperanza de recuperación y el país entero se polarizó.

Gran parte de los manifestantes se dedicaron a destruir y saquear negocios de personas que nada tenían que ver con el gobierno, por el contrario, podría decirse que también son víctimas de éste y de sus decisiones carentes de una estrategia económica clara de recuperación.

La presión ejercida en las calles, aplazó, mas no eliminó la implementación de la reforma tributaria, misma que poco a poco irá aplicando el gobierno para refinanciar a un país ilíquido por los desfalcos que ha dejado la corrupción y en el que la capacidad política para generar confianza parece más limitada que nunca.

Ya bastante carga tienen el sector empresarial, como para sumarle el pago de los desmanes ocasionados por la violencia de los manifestantes a sus instalaciones.

Nos falta empatía. Dolía ver como se destruían empresas por una gran masa de manifestantes (no toda) que se movía bajo un odio absoluto, en un deseo incontrolable por acabar con todo lo que encontrara a su paso, una multitud incendiaria que llevó a la sociedad a esconderse por temor a ser víctimas de la violencia.

Podemos presentar nuestro inconformismo, pero no atacando la mano que da de comer, que aporta al desarrollo y que, sobre todo, sueña y actúa para construir un mejor país, una Colombia que logre superar sus problemas de competitividad y nos haga más atractivos para la inversión.

SERGIO AUGUSTO MORENO
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