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Sergio Rangel
Domingo 03 de marzo de 2013 - 12:00 AM

De Django a la UNAB

Publicado por: Sergio Rangel

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Después de ver la emocionante película Django, (de tantos disparos que algunos dieron en mi crispeta) fui a Mercagan a ver  a Uribe. Un  auditorio repleto. Me encontré a un viejo Caw boy, Aquiles Trevisi, con su gorra de emigrante Suizo, pantalones vaqueros de colono de la hoy  impredecible Aguachica. Interesantísimo oír a Uribe al lado del hombre que mediante su Fundación Agua Dulce trata de recuperar el Rio Lebrija y que además escribió un libro sobre las ubres de las vacas, cómo producir leche en el trópico. Uribe habló como se debe hablar, corto y sustancioso. Preguntó por los parlamentarios que al ala de su sombrero salieron elegidos y hoy están con la totuma detrás de Santos y no consiguen nada sino para ellos. Vi a un Uribe intacto, vigoroso, elocuente, seguro, sabedor de que al pueblo hay que enseñarle   que la democracia es con oposición. Si se roba existiendo oposición como se robaría amangualados. Lo cierto es que Uribe,  en América, le quitó a  la  política ese talante populista a la que tanto estamos acostumbrados, que ha llevado al traste economías tan posiblemente prósperas como Venezuela y Argentina. Queramos o no a Uribe debe reconocérsele que su discurso es un análisis lógico con ideas, estructurado, basado en estadísticas y en el conocimiento del hombre colombiano.

Después de Uribe y el justiciero Django, me fui el jueves  como vendedor ambulante de vinos Perú de la Croix,  a la UNAB, al foro sobre el espacio público. Pensé encontrar una gran algarabía, huevos podridos, papas bomba, es decir lo que se ve cuando de discutir se trata en nuestro medio. No. Todo era perfecto. Las personas iban ingresando al Foro en orden  identificadas con una manilla plástica, un amplísimo escenario con butacas abullonadas de color rojo y un delicioso aire acondicionado. Era la universidad privada. ¿Por qué en la Universidad Pública no se pueden hacer esa clase de eventos ordenados y productivos? La respuesta es sencilla. En la  Universidad Pública una excesiva carga de profesores de tiempo completo, (desconectados del mundo exterior), y que se cree  el sumun de la ciencia, estrangularon el conocimiento. Por eso los muchachos reaccionan como bárbaros destruyendo su propia universidad.

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