Publicidad

Sergio Rangel
Domingo 10 de marzo de 2013 - 12:00 AM

Vasito de agua

Publicado por: Sergio Rangel

Compartir

No me refiero al simpático y dinámico alcalde de Girón, sino a cuando los dulces  se compraban en las tiendas y era costumbre pedir un vasito con agua para pasar.  Ningún tendero volvió a regalar agua.  Si hoy esa costumbre imperara, los tenderos estarían quebrados. Una botella de 750 cc vale en la tienda $ 1.600, el vasito de agua valdría eso (en pesos acueducto),  pensemos cuánto nos vale cada vez que orinamos si soltamos el inodoro o lavamos el carro.  El valor del agua se disparó y seguirá disparado, valdrá más un metro cúbico de agua que una onza de Troy oro, que hoy es de US $ 1.923.20. La primera vez que sentí la necesidad apremiante de agua fue en la Guajira, se salta de la hamaca y no tener con qué lavarse ni siquiera la cara, es desesperante, un buche de café maloliente y fuera. Yo venía de la lucha contra el agua. En Puerto Wilches toda acción era contra el agua, desecar pantanos, ciénagas, caños, madreviejas, etc., era ganarle espacio al agua. Una barbaridad que la naturaleza nos la está cobrando. Hoy vivo en Zapatoca, no tenemos agua. La quebrada del Ramo es un hilo que escasamente corre.  La de la Ramera, torrentosa en otra época, que atajaba el paso de los viajeros, hoy su cauce es tan grueso como un espagueti Gavassa. A La de la Uchuvala, que horror, dulce y cristalina en donde se bañaban las bellas de Zapatoca con sus esclavas, los alcaldes menesterosos de todas las épocas le botaron las aguas negras y fétidas. Para enmendar el crimen se contrató con la UIS un estudio, piscinas de oxidación por 2 mil millones que no funcionaron y hay de dinamitarlas. Afortunadamente, gracias a los programas de reforestación con pinos, tenemos agua para comer y para riego en muchas fincas. Es un programa del Comité de Cafeteros y del Banco Alemán KFW. 

Para Bucaramanga el desastre del agua con la minería del oro se avecina. En una columna Rudolf Hommes se queja que la minería está amenazada en el país por ecólogos de medio pelo. De medio pelo o no, le preguntaría al señor Hommes si el agua que él bebe, o con la cual se baña en Bogotá estuviese amenazada por cianuro ¿pensaría igual? No existe cosa que nos angustie más que un agua posiblemente envenenada o abrir la llave y ver que no  sale nada de agua. Vamos a la marcha de las cien mil voces.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día