Publicado por: Sergio Rangel
En la antigüedad romana se sacrificaban pájaros migratorios por los augures para saber el futuro. La sangre depositada en tazones al cuajarse en témpanos dejaba ver extrañas figuras que señalaban el futuro. Una tía mía era experta en leer las tazas de chocolate, a ella acudía mamá a indagar cuando nos aventurábamos en tantos locos y azarosos negocios. Ví cuando a mi padre le colocaban compresas de árnica en la tortícolis, nuca tiesa, después de haber pasado la noche entera observando el firmamento para divisar una nube que presagiara la lluvia en los aterradores veranos. Hoy el futuro está calculado exactamente. El Ideam señala por satélite el tiempo con la precisión de reloj chino. Sabemos que entramos por 5 años en la era de El Niño. Tiempo seco, cielo despejado de intensa luminosidad, calores, humedad relativa baja, ideal para los agricultores que tengan posibilidades de riego. Tiempo “veranoso” dicen los campesinos. A todas estas me entero, conversando con la gente o por informes de las autoridades, que ya casi en Zapatoca nos conectamos a la quebrada La Ramera y pasarán nuestras penurias. Los $6.800 millones parece que tienen que estirarse otro poquito. En Barichara están a un pelo de conectarse a la quebrada Chiviriti, ese pelo vale $15 mil millones. Ojalá que en el camino ese pelo no pase por algunas peluquerías. La próspera ciudad universitaria del Socorro después de 50 años de anuncios fallidos espera conectarse a la mítica quebrada 5 mil por $12 mil millones, para que por fin sea la ciudad histórica, respetable, y estudiantil que enorgullezca a los santandereanos. Ojalá esos deseos conque se calme la sed de tanta gente se cumpla. Pero aquí viene la pregunta del millón. ¿Donde están los programas de reforestación para estas quebradas que amenazan secarse en poco tiempo? ¿Qué gestión han hecho las autoridades ambientales, las alcaldías, y los concejos de estos municipios para comprar las cabeceras de estas quebradas y declararlas reservas forestales? No se ha hecho nada. Todas son acucias de verano.
Hermano Alfonso Gómez Gómez, usted que bebió de la aguas de la Chibiriti, de la Zapatoca y La Ramera, que amó tanto los raudales que se despeñaban entre las rocas de esta tierra, dele remordimiento a los del CVY y a los bárbaros que talan la selva.










