Publicado por: Sergio Rangel
Cinco mujeres, realizadas, profesionales de la salud, bellas, alegres y dicharacheras. Llegaron a Sierra Morena en Zapatoca en busca de aire puro paisaje y una copita de vino. De casualidad también apareció un médico pamplonés retirado de la profesión.
Comienza contando que ejerció como se ejercía antes, con devoción y sentido humano, visitando al paciente en la residencia, auscultando en la oscuridad de la habitación, dándole un puntapié a la bacinilla mientras se acercaba al enfermo, aceptar toda clase de comidas y bebidas, dar noticias tristes o alegres, amistades en cada caso.
Ascendemos el sendero y las bellas no aflojan el paso. Con su relato me parece estar viendo al doctor Alejandro Villalobos Serpa llegar a mi casa, maletín en mano, en su Ford 38, para examinarme las fiebres. La inyección que en la oscuridad de la habitación me colocó rozo el nervio ciático lo que me deriva un dolor terrible en los noches de luna llena, además de un leve ataque de locura.
No seas flojo, Jesucristo era cojo, dice mi abuela y me consuelo. Heli Peñaranda Vermeire se llama el médico que camina con nosotros.
Escribió un libro La Calle del Rey (opúsculo) sobre sus ancestros, sobre Pamplona, sus gentes, sus maneras circunspectas y elegantes, sobre los grandes cambios con la llegada de estudiantes de la costa, vallenato corrido, todo con fino humor y mucha ironía, se ríe de si mismo y, cómo se debe soportar la chabacanería de los invasores sin enloquecer.
En Pamplona ahora la vida es nada más que un camino, Pamplona la ciudad que tiene más billares por habitante en el mundo, más panaderías, pan para todo, y a todas horas, pan en la noche para una desvelada, son las cuatro de la tarde, la hora del billar, en Pamplona ninguna excusa es válida para llegar tarde a la cita. Heli estas muchachas quieren vino.











