domingo 14 de febrero de 2010 - 10:00 AM

A los ambientalistas

No recuerdo en donde leí que el mundo no necesita que lo defendamos, lo que necesitamos es defendernos del mundo. Considerando al mundo como la naturaleza. El mundo se defiende solo y en su defensa nos arrastra a nosotros. Hemos lesionado al mundo y el mundo reacciona, y de qué manera. Grandes inundaciones, prolongados veranos, devastadores ciclones, pestes, plagas, en fin, no ha llegado el día en que sepamos todo lo que el mundo es capaz de provocar  para deshacerse de nosotros. Un ejemplo cercano es la epidemia de dengue en nuestras ciudades por el elevamiento de temperaturas que multiplica el insecto trasmisor. Quizás el terremoto de Haití sea una bravuconada de la tierra. Una gran bestia que se sacude para quitarse los bichos que la maltratan picoteándola.

En estos días en que con frecuencia he pasado por el puente Guillermo Gómez Ortiz, en la vía Zapatoca Bucaramanga, he visto la catástrofe del Río Sogamoso.  Del escalofriante torrente de agua despeñándose en la garganta que conforma su cause, no queda sino un pequeño riachuelo, el que me atrevería sin riesgo a atravesar a pie. Para congraciarnos con el mundo que destruimos, propusimos que  el Cañón del Chicamocha, por donde corre su afluente, el Chicamocha, fuese designado una de las maravillas del mundo. El cañón del Chicamocha es una belleza pero una  trágica belleza. Así es como se debe mirar y admirar, un espejo, para que no cometamos más barbaries con nuestra madre Tierra. ¿Que esas breñas son el fruto de espantosos cataclismos de cuando el mundo estaba en formación? Es cierto. Pero, con el paso de los siglos se cubrieron de vegetación.  Cujies, Gallineros, Baobat, Castañetos, Cactus, Guazabaras, etc cubrían la corteza; daban sombra y evitaban la degradación de la tierra por escorrentías. Fueron talados para trapiches y leña de los fogones de los 200 mil habitantes de la Provincia Guanentina y de García Robira. Los historiadores hablan de zonas desérticas, cosa no cierta. Los marcos de leña de Cujies y Castañetos eran famosos en los mercados de San Gil  desde la colonia al siglo XX, por su gran poder calorífico. Con la aparición del gas como combustible en las cocinas, el daño se aminoró pero ya fue irreparable.

Algo podremos hacer contra los excesos de ayer y de hoy. Si llego al Congreso de la República daré la batalla  para que Hidrosogamoso genere regalías y por crear la Corporación del Río Sogamoso que defienda el cause de este río y  sus afluentes, Corporación que debe encargarse de mitigar también los daños que se presentarán en la ciénagas después de la presa de Hidrosogamoso. Mientras eso, y ahora que he leído los escritos de Jorge William Sánchez sobre el descubrimiento del Baobat en sus recorridos como veterano viandante, propongo que iniciemos la recolección de semillas de ese fantástico árbol con sus amigos caminantes y ecologistas y se dé comienzo a la repoblación de esta especie. En el viaje a Zapatoca los turistas pueden observar cientos de estos árboles de origen africano. Árbol sagrado de los Cafres, semillas traídas a América según Fray Simón, ocultas en la vagina de las esclavas y propagadas después por los pájaros.

 

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