domingo 10 de julio de 2022 - 12:00 AM

Bufalinos y cooperativas agrarias

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Columna de
Sergio Rangel

Me escribe Carlos Rivas un venezolano que vive en las lejanías del Delta del Orinoco, formado por las islas de Tucupita, Cocuima y Mamanito. Dice que por razones del cambio climático toda la región se inundó, dando al traste con la agricultura. Hoy la cría de búfalos es el sustento de una gran población que deriva sus ingresos de la leche y la carne de esa maravillosa especie.

El valiente venezolano, dice que este gobierno y otros anteriores, se dedicaron a malgastar bienes y dineros en obras, tratando de detener inútilmente las inundaciones de ese majestuoso río Orinoco. Obras innecesarias en aquellos deltas, por una fiebre desarrollista, o más bien por apropiarse de dineros para sus bolsillos. Ojo con tanto loco suelto con innovación tecnológica para el campo.

Para mí es una radiografía idéntica de lo que se ha hecho con los ríos de Colombia. Al río Magdalena se le vierten todas las cloacas que son sus afluentes del oriente y occidente del país que no tienen ninguna planta de tratamiento de aguas residuales. Han iniciado “canalizaciones” y “dragados” infinidad de veces y es un robadero de dinero que espanta. Un proverbio campesino: “Del río y del patrón entre más lejos mejor”. Los ríos que corran. Inundan en el invierno y en el verano se van dejando zonas muy fértiles, que se deben aprovechar para la agricultura de cosechas cortas. Conducirlos es inútil y perjudicial.

La historia de los búfalos en el río Magdalena la he contado muchas veces. El Incora importó de Trinidad y Tobago búfalos que ubicó de buena fe en Puerto Inírida, proyecto que resultó en una equivocación. Los indígenas no eran ganaderos y los búfalos buscando las “cáscaras” de sus cocinas, les tumbaban sus “malocas” y ellos los atacaban con sus flechas. Para colmo de males los jaguares siguieron las manadas para su alimentación, disminuyéndolas ostensiblemente. El Incora los donó entonces al Fondo Ganadero de Caldas y a la Secretaría de Agricultura de Santander. Ese fue el origen de más de un millón de búfalos en el país. Hoy ocupan zonas inundables de combinadas pasturas como la “cortadera, lambelambe, pasto negro, gramíneas y leguminosas como el chingalé aceitoso”.

Cambiar costumbres ancestrales de pescadores a ganaderos o de agricultores a comerciantes es casi imposible. Muchos burócratas han tratado de convertir al país en tierras de agricultores, cuando nadie quiere tierra, quieren organizaciones agrarias más acordes con la idiosincrasia campesina.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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