domingo 07 de agosto de 2022 - 12:00 AM

Colombia un paraíso

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Columna de
Sergio Rangel

La guerra en cine es el realismo de un ballet. No percibimos el olor de la carne putrefacta, no oímos los lamentos de la agonía...”. Relato de un combatiente.

Es bueno comenzar un escrito con optimismo. Colombia a pesar de todo es un paraíso. Llamo por el celular al veterinario Guillermo Nigrinis Consuegra, para enterarme de cómo ve las cosas en el país en el momento en que se posesiona un Presidente con ideas de izquierda. Él no participa, ni ha participado en política, aunque sé que por tradición es un ‘godo raso’. “...Hablemos corto porque estoy terminando mi libro sobre la cría de búfalos”. Si esta conversación hubiese sido hace 30 años, oiría el teclear de la vieja máquina Remigtom. Continúa: “Ojalá que mi libro le llegue a la ministra Cecilia López, quien en este berenjenal de ideas se debe estar preguntando ¿qué hacer?”. Él pone el tema que se va para largo. “Óigame esta experiencia. En las orillas del río Cimitarra una asociación campesina de Puerto Matilde, municipio de Yondó, la ONU hace 10 años financió un proyecto para la cría de búfalos. El proyecto recibió $200 millones, $40 millones para infraestructura y el resto para compra de 144 cabezas. Se llama finca Comunitaria de Recría. Se inició con 12 socios y se redactaron normas de deberes y derechos. Aportando cada uno $ 200 mil en jornales de trabajo en la finca, no en efectivo. No se venden hembras. La carne de los machos y la leche es para recursos de la finca. Hoy la cobertura se amplió a 30 socios y su ingreso en jornales se elevó a un millón de pesos. El crecimiento es al parecer notorio”. Pero esta conversación nos condujo al rendimiento de los búfalos en todas estas zonas inundables como lo son la mayoría de los ríos en Colombia. Inmensas sumas de dinero se gastan canalizándolos y haciendo murallas de contención en donde se roban el dinero. Deben destinarse como en el Brasil y en Italia a la cría de búfalos, pasturas que para los bovinos no son útiles. Los cascos de los bovinos se ablandan generándose bajas en el hato. Esas riberas de los ríos que no son aprovechables en las crecientes y que generalmente no tienen títulos de propiedad deben destinarse a organizaciones comunitarias como la del río Cimitarra y otras de los Llanos y el río Magdalena. Las grandes pasturas que los bovinos no consumen y son un peligro por el “atollamiento” de los vacunos en los lodazales serían para el hato bufalino de gran utilidad. Colombia debe importar del Brasil unas tres mil hembras e iniciar proyectos comunitarios en esas zonas baldías.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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