domingo 20 de octubre de 2019 - 12:00 AM

De psiquiatra II

No sé si son alucinaciones, Doctor, vi aquí en la sala de espera a Rodolfo exalcalde, a Cardenas de Cemex vestido de paracai-dista y a Leonidas “el breve” de rodillas
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Columna de
Sergio Rangel

Betty fue mi primera conquista, le dije a mi Psiquiatra ... resultó ser una endiablada masoquista. Él se tomó del borde del escritorio y al indicarme que me acostara en el sofá de diálogo, percibí en su aliento un tufillo lejano de ginebra Canterbury. ... Betty, Betty, imposible olvidarla. – Continúe, no se detenga en nimiedades insondables del “ello“- A Betty la encontré en el bar del Holiday Inn. Me senté frente a ella y vi en sus ojos un fuego intenso. Doctor Seguí sus consejos de ser audaz en la conquista, le arrebaté la copa de Coñac que calentaba en sus manos y la estrellé contra el piso. Fui al mostrador por otra copa, sus ojos eran ahora verdosos y redondos como los de una serpiente. Antes de que ella pudiera tomar la copa, la estrellé también contra el suelo. Preguntó “¿por qué ha destrozado mis copas? ” No sé, le respondí. Estaba usted aparentemente feliz y tranquila, y me entraron deseos incontenibles. Me posee otra personalidad. Me encanta cortarle la cabeza a los gatos, como pájaros crudos. En ese momento ella se abalanzó a mi cuello cubriéndome de besos. Me llamo Betty, Bety, ...dime que me amas. Me tomó de la mano y corrimos a la habitación del hotel en donde se alojaba. Fue una escena inolvidable. En la habitación, me suplicó ... abofetéame. Le apliqué varias bofetadas que transportaron a Betty al éxtasis. La silla donde ella iba colocando la ropa, se la lancé y luego la lámpara de bronce de la mesita de noche. ¡Mi amor me matas! Me detuve. ... me matas de felicidad, dijo. Entonces le arranqué una pata a la mesa y la perseguí mientras ella aullaba, y corría diciéndome, te amo, quiero ser tuya. Y fue mía durante una semana en aquel hotel, del que escapé una madrugada.

No sé si son alucinaciones, Doctor, vi aquí en la sala de espera a Rodolfo exalcalde, a Cardenas de Cemex vestido de paracaidista y a Leonidas “el breve” de rodillas, quien recibía una reprimenda de Rodolfo a gritos “... no vuelva a bajarse los calzones y a decir maricadas , no ve que vamos perdiendo?”

...Volteé a mirar al psiquiatra y se hallaba profundamente dormido.

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