domingo 20 de junio de 2021 - 12:00 AM

El alcalde de Fuenteovejuna

Escuchar este artículo
Image
Columna de
Sergio Rangel

Jamás he leído la obra de Lope de Vega. Recuerdo las simpáticas referencias del jesuita Ignacio Zaldívar, en clase de literatura en el Colegio San Pedro Claver. El pueblo de Fuenteovejuna, cansado de los atropellos del comendador Don Fernando Gómez de Guzmán, asalta el castillo y le da muerte lanzándolo por la ventana. Había intentado además utilizar el derecho de “pernada” contra la bella joven Laurencia. Los Reyes de España asumen la investigación, absolviendo al populacho.

¿Bucaramanga podría ser el espejo de Fuenteovejuna? En algunos aspectos quizás. En clase de Filosofía se trataba la “nada alsoluta” y creo que ese es el término que le cabe al alcalde Juan Carlos Cárdenas. Personaje que nos recetó Rodolfo Hernández, además del huidizo, “Leónidas el Breve”, quien duró en el Senado “lo que dura un merengue en la puerta de una escuela”. El departamento y la ciudad quedaron “huérfanos” de apoyos y administración. Son cosas sabidas del pasado presente, que no vale la pena llorar sino enmendar. El alcalde Juan Carlos Cárdenas, astuto navegante en aguas turbulentas, opta por solicitar al Presidente de la República que se designe un alcalde Ad hoc, para la vigilancia de los protocolos de bioseguridad, que se deben acatar en el proceso de revocatoria del mandato como alcalde titular de Bucaramanga. Eso está bien. Lo que no está bien es que se escurra como una babosa de sus obligaciones como jefe de policía, cuando el Presidente de la República les ordenó a los alcaldes del país solicitar apoyo de la fuerza pública. “Yo no solicitaré la militarización de la ciudad”, dijo. La situación se ha desbordado, ha caído en manos de vándalos que están saqueando, incendiando, destruyendo y horrorizando a la ciudadanía. ¿Entonces qué, señor Alcalde, está esperando como en Fuenteovejuna, que lo tiren por la ventana?

Se dice “... la política es la ciencia de la traición”. El francés Joseph Fouché, prototipo del político cínico, maestro del doblez, llegó a ocupar los más altos empleos en los momentos de la Revolución Francesa, de las glorias de Napoleón y de Luis XVIII. Puede ser el prototipo del alcalde, Juan Carlos Cárdenas. Su pasado y presente es un misterio. En el Perú fue empleado de la Cemex, empresa envuelta en dolosas manipulaciones para eludir impuestos y apoderarse de la industria cementera de ese país. En los negocios del cemento conoce a Rodolfo Hernández, amistad que concluyó en la Alcaldía y que hoy el mismo Rodolfo Hernández procura su destitución.

Es decir, complejidad de las causas: “Estamos durmiendo con una serpiente debajo de la almohada y no nos hemos dado cuenta”.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad