domingo 01 de mayo de 2022 - 12:00 AM

El Búfalo “Bufalypso”

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Columna de
Sergio Rangel

Corría el año de 1981. El gobernador Luis Ardila Casamitjana me había nombrado Secretario de Agricultura. En el mes de julio se recibió una oferta del Incora para que la Secretaria recibiera un lote de búfalos, traídos a Puerto Inírida, Capital del Guainía, de una importación de Trinidad Tobago. El hato que era más numeroso se disminuía por el ataque de los “leopardos” y de los mismos indígenas que los veían como enemigos ya que al rascarse contra sus malocas les derribaban la estructura. Los leopardos crecían en número y los búfalos sueltos y sin cuidado disminuían. Se decidió recibir los búfalos de Inírida y en un Hércules se trajeron los que quedaban, 20 para el Fondo Ganadero de Caldas y 20 para la Secretaría de Santander. El viaje de Inírida fue emocionante. Volamos por encima de las imponentes formaciones rocosas del Chiribiquete y por sobre el río Inírida, única referencia de vuelo en aquellas lejanías. Volando ya en altura, sentía el maullido de un gato. Lo vi al lado de mi asiento y con sus garras me tocaba el pantalón. Le pedí al tripulante un kumis y un ponqué Ramo, le di al gato y se durmió a mi lado. El tripulante creyó que yo era el dueño del gato y yo creí que el gato era de él. Al llegar a la base de Palanquero despertó y cuando emprendí el descenso por la escalerilla bajó tras de mí. El gato no se me despega, le dije al tripulante. ¿Acaso no es suyo? me preguntó. Como al parecer no tenía dueño, lo adopté, y siguió conmigo por la base de Palanquero. Fuimos a parar a Puerto Wilches, gato, búfalos y yo, Secretario. Con el tiempo alguien me dijo, ese no es un gato Romano sino un “cachorro de tigre”. Yo notaba que sus patas y garras iban creciendo de manera anormal para ser un gato. El color de su pelo fue tomando las manchas de un jaguar, pero seguía siendo un gato. Retozaba con los perros y su agilidad era fantástica, cazaba pájaros al vuelo que engullía sin masticar. Resultó ser compañero de mis pesquerías por la ciénaga en canoa, colocándose en la proa desde donde me miraba relamiéndose sus bigotes. Eso me inquietó. Un día que saltó a la arena de la playa, aproveché para abandonarlo allí y que hiciera su vida de joven jaguar. Dejarlo fue para mí un gran dolor.

La historia de los 20 búfalos son hoy una manada de dos mil búfalos que cargan las carretas de palma de aceite y de otro tanto de hembras que dan leche y queso Mozzarella. Historia que cuenta en su libro Guillermo Nigrinis Consuegra, que servirá como proyecto para el presidente Rodolfo, en un país de ríos y de pastos naturales.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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