domingo 10 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

“El extraño caso de la calavera”

De una firma se deduce si el sujeto es irritable, chismoso, calculador, posesivo, mitómano o socio de Vitalog.
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Columna de
Sergio Rangel

Después de pasar el crecido riachuelo con aquella hermosa y apresurada mujer acaballada sobre su nuca, el maestro le pidió al “Iniciado” que le trajese agua de esa corriente dejada atrás, tenía sed. La encontré embarrada, le dijo el “Iniciado” al Maestro. ¿No esperaste a que aclarara? Tenías prisa Maestro. Te quivocas, la prisa era de aquella delicada mujer de quién percibí sus apuros y delicias en mi nuca. La paciencia es de los sabios. Ve otra vez y espera a que el agua aclare. (Buda y la paciencia)

La semana pasada, leí en diferentes medios interpretaciones sobre “el por qué de la paliza” del exalcalde Rodolfo, a todos sus contrincantes (con excepción de Jaime Andrés Beltrán, quién podría decir como Álvaro Gómez Hurtado, “...Pero les metimos el susto.”). Todos se desbordan en elogios a Cárdenas: ...el carisma, don de gentes, elocuencia, sus gafas de sol, su casta, su voz metálica, sonajero de monedas en los bolsillos. En fin, como aquel inolvidable torero que desde el centro del ruedo tiró su montera al público bumangués que lo abucheaba, y la montera cayó boca arriba. Rápidamente su mozo de espada que era Rodolfo, sin que nadie se diera cuenta la volteó boca abajo. Buena suerte. Y desenvainó su estoque. “Sin mí no hubiese sacado ni tres mil votos”, dijo Rodolfo, en un acto de humildad, muy propia en él.

De los espectáculos de <lucha libre>, cantinflescos y sadomasoquistas, a los que asistía de estudiante en Bogotá, aprendí que el público va con el más brutal. Tumbados en el ring son un ovillo de piernas y brazos, los testículos va a morderlos, la gente aúlla, el luchador se abstiene presintiendo que pueden ser los propios, lo patea y le quiebra dos costillas, como en accidente casero.

¿Olvidaron acaso, también, la feroz firma de Rodolfo? Es un disfraz. La firma demuestra los matices ocultos de la personalidad. En ella se guarda toda una confesión (psicopatología) “...la forma de la Erre, muestra un cadáver congelado en el refrigerador”, afirma Sherlock Holmes, en “El Extraño Caso de la Calavera”. De una firma se deduce si el sujeto es irritable, chismoso, calculador, posesivo, mitómano o socio de Vitalog. Dios nos libre.

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