domingo 27 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

El gobierno de los jueces

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Columna de
Sergio Rangel

Es un “epígrafe” tan antiguo como la moda de andar a pie. Nos lo topamos en principios de Derecho Romano. Luego al estudiar a Hobbes, John Loke, Montesquie, Roseau, Marx, Engels. Nos dimos cuenta que las naciones se formaron de manera brutal que se repite por épocas. Se aconseja en la democracia consultar las Cortes. Pero es imprudente permitir que estas gobiernen. Restrepo Piedrahita nuestro profesor lo advertía. Ojo, los Jueces, ese tercer poder en la democracia, se sale de su “Tabernáculo” (el cofre sagrado de las leyes). Magistrados y jueces, camuflados en un lenguaje humanista, se han ido ubicando con precedentes que fijan como doctrinas de seguridad jurídica. Pasan por ilusos y angelicales, sin que nos demos cuenta que son los incendiarios del bosque para que salten las fieras. La prueba está en sus fallos en estos días de pandemia, que han ensombrecido aún más al país. Al presidente Uribe en un fallo de palabrería extravagante, antijurídica, ininteligible, (de 1.500 y más folios), lo enredan en un ovillo de normas locas, tirando al piso el principio de pronta y cumplida justicia. Como anécdota. Hace años fui juez penal municipal en Rionegro. En el primer piso de la Alcaldía operaba el Café Bar de Neri y en el segundo los jueces. Indagábamos a cacos, homicidas, cuatreros, etc., hasta que la gritería de los ebrios abajo nos impedía oír. - Gladys llame al policía Sanguino- Con ese apellido parecía suficiente para hacerlos callar. Pero portaba algo más que su rostro avinagrado, un uniforme caqui de policía municipal, gorra ladeada a lo Kirk Douglas, un colt 44 de seis tiros y un bolillo grueso y duro como la carraca de Caín. Palmoteaba el bolillo en su mano, y todos hacían silencio y se iban escurriendo uno a uno a sus casas. El poder del “Profeta armado”. Hoy, la Sala Civil de la Corte ordena que la policía permanezca desarmada, mientras los vándalos incendian las ciudades de Colombia. Se sabe que muchos Magistrados son conjurados con intereses oscuros y su objetivo derribar al Gobierno. ¿O son de alguna corte celestial de ingenuos? ¿Acaso no saben que los vándalos incendiaron el parque automotor de Bogotá, destruyeron la infraestructura bancaria, dieron muerte e hirieron con armas de fuego a la fuerza pública y a transeúntes? Tutela y fallo que ordena desarmar a la Policía para que los “pacíficos vándalos” incendien el país. Una revolución, cambio del orden, liderado por anarcosindicalistas de gruesa cartera, políticos de odio y matanza (Petro, holocausto de la Corte. Cepeda, comisario político de las Farc, en venganza de su padre), entre tanto, Duque, “el profeta desarmado” bajo principios de aparente legalidad de las Cortes. Lo que se avecina no lo ha sufrido jamás Colombia.

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