domingo 28 de febrero de 2010 - 10:00 AM

El olvido

Cabrera Infante le  sigue el rastro a Zbarskij, el embalsamador de Lenin. Los comunistas  han tenido un pánico infinito al olvido. Dice que Zbarskij rescató de entre  los muertos a Lenin, para llevarlo a la inmortalidad con la más sencilla de las formulas conocida por el hombre, el formol.  Desde entonces, la necrofilia materialista de los comunistas se volvió  obsesión. Por alguna razón de estado, Zbrskij es enviado luego por Stalin a Siberia, no por una  breve temporada de reeducación, sino de por vida. Nada en el universo es casualidad. Después de muchos años, sale de la prisión para embalsamar el cadáver de su carcelero. Dice cabrera Infante, que se niega a imaginar el minucioso frenesí y el ultraje con que el taxidermista destripó a su anterior verdugo.

A los poetas también les espantó el olvido. Neruda, el poeta del amor y de los leñadores. Que venga Abrahám a comer con su plato de madera con los campesinos. Es tan corto el amor y tan largo el olvido. Se equivocan, olvidamos al instante. Es de la condición humana el olvido. Los días huyen como nubes. Estamos por eso atentos a que no se nos olvide, y  'no se trata de aprender sino de recordar'. La vida es bastante confusa. Un día, no hace mucho, a la orilla del Magdalena, ese río que ha sido mi obsesión, cerca de un  rancho con su reguero de gallos que alborotaban, vi un ferry amarrado a la orilla, carcomido por la herrumbre. Vinieron entonces  a mi memoria el mugido de los novillos que trasportábamos con mi padre en los remolcadores, camino de los mataderos en donde los tratantes de ganado los  destajarían sin piedad. Un lamento en todo el viaje presintiendo la muerte y añorando la libertad en los pastizales. ¿De quién era y por qué ese ferry moría a la orilla de Río Magdalena, si la gente no tenía en qué pasar desde la otra orilla el fruto de la palma y sus ganados,  sus enfermos o los vagos que siempre van de aquí para allá?   ¿Quién se burla de quién?

Siempre existe alguien que se burla de otro. No quiero decir aquí que hasta Dios tiene otro Dios, sino que hay siempre otro que da los mismos pasos, para hacerte bien o mal. No me quedaba ya mucha gente en el Río para preguntar por el sabor de las  cosas antiguas.  Fui entonces  a donde Hernán Gómez Salonero, que siempre pescó corocoros en esa aguas barrosas. Ese ferry lo donó el Gobernador Aguilar a Puerto Wilches, se llama La Magdalena, esta ahí tirado, nunca lo pusieron a navegar, me dijo. No existe odio de  más ponzoña que el que deja la briega política. Seguramente sus enemigos lo dejaron ahí tirado para que  la herrumbre del olvido que también  es la mayor venganza en  política, lo enviara con el paso de los años al fondo del Río. Yo ya no sé si exista alguna pena en los códigos para quienes dejan que los bienes públicos se destruyan. Uno no sabe si el olvido también es la mejor manera de vivir. Me parece monstruoso pensar que cada uno nos ocupemos únicamente de sí mismo. La historia no es más que el nombre que le damos a una serie de desatinos. Lo trágico del hombre es que como lo pensó Zbarskij sobre el cadáver de Stalin, Nemo me impune lacessit… Nada de lo que me hacen queda impune.

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