domingo 07 de junio de 2020 - 12:00 AM

El oro

Los Guanes no se desvelaron por El oro. No fueron orfebres. Los españoles se desilusionaron cuando no vieron adornos de oro en sus cuerpos
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Columna de
Sergio Rangel

Presiento inconformidades. Eso me parece normal, cada quien tiene sus conceptos. Lo importante, que se discutan de manera racional. -El comienzo de la noche no siempre significa el final del día-.

Vámonos a la noche. Se dice que nuestros Guanes tienen un origen lejano y oscuro. El escritor Jaime Alvarez Gutiérrez, en su libro “Los Guanes”, los ubica en el mundo de los Mayas. Atravesaron Centro América en una peregrinación que duró siglos. Los “glifos” grabados por los Mayas en vasos funerarios para designar los días, meses y años son idénticos a los de los Guanes.

Los Guanes únicos astrónomos como los Mayas. Un pueblo sin ningún parecido a otras tribus nuestras. Ambas practicaban ritos de antropofagia. ¿A dónde voy con esta reseña? Los Guanes no se desvelaron por El oro. No fueron orfebres. Los españoles se desilusionaron cuando no vieron adornos de oro en sus cuerpos. El Padre Aguado, capellán de Ortún Velásquez de Velasco ( 1551) relata “... subiendo por el Río Suratá encontramos pequeñas láminas y pepitas de oro. Y llegando a las zonas frías del páramo en las cabeceras de ese río, en una pequeña quebrada afluente uno de los soldados de la expedición encuentra un pedazo de oro incrustado en rocas (21 kilates)”. Lo denominaron el Páramo Rico, la primera región de mineralizacion autónoma. El Río de Oro no tuvo esa importancia. Por los años de 1618, los belicosos indios Yariguies hicieron incursiones por regiones del Río de Oro y asesinaron a cinco mineros que “barequeaban”, y se los engulleron dorarados a la brasa. Los asentamientos de mineros en el Río de Oro fueron numerosos, pero una epidemia de sarampión y una enfermedad llamada “bicho” definida como gangrena intestinal dio cuenta de muchos. Mineros que llegaron allí... un tal Tomás Aguirre, quién sabía de minería desde España y hombre de malas pulgas. También el licenciado y Presbítero Carrasco (1570) manejaba la feligresía del Río de Oro y era minero. Abrió una toma en la quebrada que él llamó “El Carrasco” (hoy el botadero de basuras) y extrajo las arenas doradas. Fue el primero en utilizar el “azogue” para la recuperación del oro, y tal vez el primer contaminador. Un día le llamó la atención al tal Tomás Aguirre por sus desafueros y de ahí se convirtió en su enemigo. El cura arma sus “petacas” partiendo a la madrugada sin volverse a saber de él. La historia exige oscuramente “mitologías, tribus, incautaciones, crímenes, y acaso sacrificios”.

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