domingo 19 de febrero de 2023 - 12:00 AM

Sergio Rangel

Episodios

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Columna de
Sergio Rangel

Recibí un interesante libro obsequio de Jaime Liévano Camargo. Episodios de la historia de la agricultura en Colombia. Escrito a varias manos entre otros por Roberto Jueguito Bonet (fallecido), Carlos Caballero Argaes, Juan Perfecto del Corral, Enrique López Enciso, José Leobovich Goldenberg. Escrito de manera moderna por Episodios (117) de manera que el lector escoge el tema que le interese, ya que es un gran volumen de más de 645 páginas y poco a poco se irá espulgando desde la Agricultura en la Colonia hasta la Agricultura del Siglo XXI. Es de esos libros escritos con método, que se toman y sirven para descansar de Petro y sus locuras. Es leer la aventura de la tierra en Colombia y respirar estrellas o fracasos.

Jaime Liévano Camargo quien me envío el libro, es el gerente de Aliar y la Fazenda, alianza empresarial agropecuaria interesante, forjada en la lejanía imposible de los llanos Orientales colombianos. Si los episodios de la Vorágine de José Eustasio Rivera emocionaron en su época, en esta modernidad azarosa, la gran aventura de Jaime Liévano Camargo de hacer empresa y tener éxito sin esperar reconocimientos de nadie, es de gran mérito. Para una obra de esa magnitud se requiere gran temple y suavidad de índole. Como lo dice el poeta: ...” se suave al hablar, suave al andar, al callar, al dar, al caer y al levantarse”. Por eso todo lo ha podido en esa tierra brava y arisca como lo son los Llanos Orientales. Jaime Liévano Camargo fue mi compañero de bachillerato en San Pedro Claver, sobresaliente desde siempre. Claro que la fuerza paterna y misteriosa de su progenitor Don Gustavo Liévano Fonseca, el fundador de Damton Buxton, le hizo entender que todos eran sus amigos, y debería ser paciente, porque no habrá inviernos ni veranos que no terminen. A él le aprendió que quien labra la tierra con corazón humilde escribe para siempre.

Sentados en una banca del parque principal de Zapatoca, conversamos de todo lo que habíamos dejado de hablar desde el colegio. Fueron pasando a saludarlo los parientes y amigos. Un singular vendedor de “tinto” en bicicleta nos ofreció su café exquisito. Otro que vendía aguacates y mangos. Al vendedor de libros “Farolito” le compró el “Idiota” de Dostoyesky, para regalarlo a un amigo. Me arrepiento dijo, ya no se lo regalo, él es muy susceptible.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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