domingo 26 de septiembre de 2021 - 12:00 AM

Hablando de mujeres

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Columna de
Sergio Rangel

Después de hablar de fútbol, la conversación preferida de nosotros los hombres es hablar de mujeres. Pues entonces hablemos de mujeres. Dejemos un rato a Messi y la bravuconada con su entrenador, cuando lo sacó del partido y lo dejó con la mano tendida. Desde la creación de Eva, para que el hombre no estuviese solo y le diese ayuda idónea, ellas se convirtieron unas en arpías y otras en esclavas. En el Génesis la creación de la mujer tiene un bello sentido poético. Dios hizo entrar en sueño profundo a Adán. Le sacó una costilla e hizo a la mujer. Al despertar se encontró con una bella joven. Y estando ambos desnudos no se avergonzaron. Las peripecias que todos los Adanes del mundo han venido experimentando con ese delicioso regalo está escrito en la mayoría de los libros en temas de amor y desamor. Ocurrencia Divina. Olvidemos el contenido de los textos judíos y pasemos a la literatura griega que tiene episodios desconocidos, rebeldía de la mujer contra su esclavitud. La comedia “Lisistra”, obra de Aristófanes Siglo V a.C, trata de manera graciosa y a la vez cruel la cerrada de piernas propuesta por las mujeres para que los hombres abandonaran la costumbre de matarse en batallas, en cambio de arar los campos. Irene Vallejo, esa maravillosa escritora que seguramente va a ser premio Nobel, tiene como prototipo de edades oscuras y perdidas en los sueños del esplendor griego, a una mujer morena, menuda y pequeña de nombre Sofo. Siglos después de haber escrito Sofo atrevidamente unos versos hizo que el Papa Gregorio Vl ( 1073) de escándalo y soberbia se arrancará las barbas y ordenara quemar todo lo que había escrito la pequeña Sofo. Se enteró que dejó a su marido y fundó una escuela para hijas de familias ilustres. Se enamoró de algunas de ellas. Componían versos, sentían deseos, se acariciaban y bailaban. Exploraban su erotismo poco antes del matrimonio.

Frase atrevida de la española Irene Vallejo, y que muchos considerarán un escupitajo, es sobre Pericles, el griego más poderoso del Ática. Repudió a su mujer y escogió una hetaira, Aspasia (prostituta de lujo). “La escogió por un motivo ridículo: el amor”. Pero la inteligencia de Aspasia acallaba todas las habladurías.

Mi pequeña morena me hace caer en cuenta que los hombres tenemos una “tercera pasión”: hablar de política.

Es cierto, y digamos como dijo el boxeador Pambelé: “Es mejor ser rico que pobre”. Petro nos quiere meter un gol en fuera de lugar, hay que entrar mandando en la cancha desde el pitazo inicial. Nada de segundo tiempo (o segunda vuelta). Paloma o la Cabal. Siempre y cuando no ordenen una cerrada de piernas.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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