domingo 06 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

¿La estadística es una ciencia?

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Columna de
Sergio Rangel

Manuel Rey Sanmiguel, quien estudió estadística en Holanda, me dijo que esta con el tiempo se convertiría en la “ciencia de todas las ciencias”. Es posible. El Internet nos dice que en el 2030 seremos 8.500 millones de habitantes. En 2050 se calcula que llegaremos a ser 9.700 millones y 11.200 millones en 2100. El 58% serán mujeres (para unos alegría y resignación de otros). La india superará a la China.

El Doctor Who y Marta James (Word Bank Blos) hacen un interesante estudio (sic) en el que descubren que el mundo moderno vive en un embotellamiento perpetuo en autopistas y se tardan en su vida productiva seis años en recorrer 16 kilómetros.

Esa es la razón por la cual el príncipe Mohamed Bin Salman creará una ciudad en un corredor de 170 kilómetros en pleno desierto, en donde no habrá calles, ni carros, ni autobuses, sino un tren de alta velocidad que unirá los extremos de la ciudad en 20 minutos. Nueve millones de personas podrán habitarla, protegidos por muros de vidrio de 500 metros, con lo que se logrará un clima ideal con energías renovables, pues además de petróleo tiene el sol del Sahara.

En Colombia, gran parte del presupuesto nacional se lo engulle el ‘Triángulo de Oro’: Bogotá, Cali, Medellín, sin que existan serios planes urbanísticos (vías y trabajo en cercanía) para desarrollar la economía. Hoy en día, sin que el Dane se atreva a desmentirlo, el 90% vive en ciudades embotelladas.

Saltemos a la zona rural. El 10 % de la población vive en el campo. Petro puede tener buenas intenciones, pero no ha logrado zafarse de la cartilla desastrosa del comunismo. Piensa que con entregar tierras en pequeñas o medianas parcelas se resuelve el problema agrario, que no es de “tenencia”, sino de “tecnología”. Son tan diferentes los temas agrarios y rurales y se pueden resumir en una simple y cruel valoración económica. En el mundo rural un niño es un “activo”, en la ciudad es una “carga”.

El tema rural no cabe en el tema político, eso se vio en la URSS, la más sangrienta de las revoluciones. Los ‘bolcheviques’ creyeron que los girasoles de la vieja Rusia reverdecerían con la pasión y los gritos de los obreros de las ciudades. Stalin era el más rudo de los campesinos georgianos, pero era un político, por eso se equivocó.

Malthus no era un político, era un científico puro. Señaló que “la historia de la humanidad es una lucha a navaja entre el miedo y el instinto”. En el campo, los conceptos son otros y se miden de otra manera, por la tasa de fertilidad de la tierra, por la tasa de emigración, por el amor a ella y por el llanto con el que a veces hay que regarla.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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