domingo 03 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

La noche que me fui de Tangos

...una Bula Papal prohibió que los Dominicos y Franciscanos se matricularan allí. En ese baile, decía el Papa, existen torceduras y ocultaciones carnales.
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Columna de
Sergio Rangel

El pasado es imposible olvidarlo. Es una afirmación de la que muchos dirán, como lo dijo alguien que ya no recuerdo (frases célebres) que todos dicen pero que nadie dijo, “los recuerdos son el refugio de los canallas”. Para matar el pasado, en uno de los parlamentos populares de Cromwell, un exaltado levantó la mano y pidió que se quemaran los archivos de la “Torre de Londres”, que se borrara toda la memoria de las cosas pretéritas y que la vida comenzara de nuevo. “El ruido de la lluvia que no cambia” ¿... lo dijo mi abuelo o lo dijo Shakespeare? No sé.

Tanto tiempo sin oír Tangos. Vi un anuncio en donde se invitaba a oír el “virtuoso del bandoneón”, Bruno Longoni y la violinista Paola Quintero, en el Libro Total, decidi ir. A los primeros compases, me vi muchos años atrás en Radio Bucaramanga en sus butacas, oyendo la orquesta del “Trenecito” de Armando Moreno. Llamada así, porque tocaba con compases muy marcados que parecían el cha cha chá de un tren apurando el viaje... Mis harapos, historia trágica de los Tangos, de... un primo, él es rico, bien plantado, y él pobre. Bruno Longoni, ese maravilloso intérprete del bandoneón, más argentino que un “churrasco” y su bellísima esposa, ella sí bumanguesa, se quedaron a vivir en Bucaramanga, ciudad cada día más cosmopolita. Esa noche de Tango me topé con mi amigo Pedro Pablo Contreras, exmagistrado del Tribunal Superior. Cambió los códigos por una “pebeta” y fundó una escuela de bailarines de tango y milonga. Entonces, una Bula Papal prohibió que los Dominicos y Franciscanos se matricularan allí. En ese baile, decía el Papa, existen torceduras y ocultaciones carnales. Fue peor. Aumentaron tanto las matrículas que los profesores de la UIS resolvieron dictar clase de gravedad cósmica del tango. Y en medicina, las dislocaciones y ajustes de vértebras que iban más allá de la magia y la prestidigitación. En el “Barrilito” se canta, se baila, y se ríen tangos como en los mejores “dancing” de Buenos Aires o en el barrio Manrique de Medellin.

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